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La política y sus demonios

La política y sus demonios: Jesús Martínez Ross y la fiesta cívica de Quintana Roo

Por Felipe Hernández

Este 24 de noviembre, en el 118 aniversario de la creación del Territorio Federal de Quintana Roo, fue presentado el libro Jesús Martínez Ross. Simplemente La Historia, de la autoría de Justo May Correa y José Alberto Martínez Márquez.

Han transcurrido ya casi 40 años desde que Jesús Martínez Ross terminó su período como el histórico primer gobernador constitucionalmente electo del Estado Libre y Soberano de Quintana Roo (1975-1981) y todos lo siguen reconociendo como el indiscutible pionero del autogobierno y fundador de las instituciones estatales. Su legado político aún sigue presente, con nombre y apellidos, en el gabinete del octavo gobernador de Quintana Roo; es decir, por lo menos uno de los muchos jóvenes que recibieron la oportunidad de participar en la administración pública durante el gobierno fundacional de Martínez Ross aún forma parte del Gobierno del Estado. Es apenas una de las muchas aristas desde las cuales puede medirse lo que significó para Quintana Roo y para la clase política quintanarroense el autogobierno con Jesús Martínez Ross a la cabeza.

Datos históricos aparte, sobre los cuales se ha abundado, no queda duda de que Jesús Martínez Ross, don Jesús, don Chucho ejercicio a plenitud su gobierno. Alegre, vigoroso, saludable, disfrutó su labor política y administrativa muy consciente del momento que vivían él y Quintana Roo, pero sin que el peso de la responsabilidad hiciera estragos en su personalidad festiva, extrovertida, popular. No permitió que la conducción del gobierno, la construcción del andamiaje institucional del naciente Estado y el impulso de la clase política que necesitaba el autogobierno se convirtieran en carga que lo agobiara o le agrietara el carácter.

«Era una gran emoción para toda la gente tener un gobierno propio… lleno de la bonhomía del licenciado Martínez Ross, que era amigo de todos, a todos les caía bien, joven, inquieto, populachero», describió en una ocasión el diputado constituyente Alberto Villanueva Sansores, cuando lo entrevisté para la revista Nuevo Siglo y el libro Rastros Vivos. Y, efectivamente, para los quintanarroenses el primer sexenio del autogobierno fue como estar de fiesta, luego de la larga lucha cívica y política para que el Territorio Federal se convirtiera en Estado.

Hombre de su tiempo, sensible a la realidad, Jesús Martínez Ross entendió, compartió y desde muy joven se involucró en el clamor primero soterrado y después hasta estridente de la naciente clase política quintanarroense que demandaba oportunidades para influir en el destino de su Territorio con la meta de alcanzar la categoría de Estado.

En 1955, el veinteañero Jesús Martínez Ross fue fundador, en la capital de la República, del Frente Cívico y Social Quintanarroense y poco tiempo después de la Fraternidad Quintanarroense, organizaciones integradas por originarios del Territorio radicados en el entonces Distrito Federal, la mayoría cursando estudios profesionales y que posteriormente serían protagonistas de los primeros pasos del autogobierno.

A la par, el futuro gobernante hizo un período de aproximadamente siete años en la industria de la música, etapa singular de su vida que hace verdaderamente memorables las tertulias con sus amigos, pues aun ahora identifica letra y título de innumerables canciones con sus respectivos autores e intérpretes, además de disfrutables anécdotas.

Muchas veces, en las numerosas y agradables reuniones con sus amigos más cercanos, don Jesús ha compartido que volvió a Quintana Roo antes de lo que él mismo había previsto, gracias a que le negaron un ascenso en la editora de música en la que trabajaba, de tal modo que de 1965 a 1974 fortaleció su formación política y administrativa como agente del Ministerio Público, secretario de promoción legislativa de la Federación de Organizaciones Populares, secretario general del Comité Directivo del Partido Revolucionario Institucional en el Territorio, profesor de Historia de la Cultura, de Lengua y Literatura y de Historia de México en escuelas de Chetumal; asesor de la Federación de Trabajadores del Territorio, Oficial Mayor de Gobierno y Diputado Federal, cargo que le permitió en 1974 defender e impulsar en la Cámara de Diputados la iniciativa de reforma constitucional enviada por el presidente Luis Echeverría para otorgarle a Quintana Roo la jerarquía de Estado Libre y Soberano.

El Quintana Roo de hoy no podría explicarse sin la visionaria acción política, administrativa y de infraestructura de Jesús Martínez Ross. Los seis años de su gobierno, coinciden sus contemporáneos, se caracterizó por una actividad febril que a un mismo tiempo se veía obligada a atender las necesidades viejas y del momento y establecer las bases para el imparable desarrollo del Estado.

Dicen que la obra que más se le dificulta a un gobernador es dejar de serlo. No es el caso del histórico Jesús Martínez Ross: los resultados ofrecidos a los quintanarroenses y su personalidad sencilla, festiva, popular le siguen permitiendo conservar el aprecio y el cariño de cuantos lo conocieron durante su gobierno y ganar el respeto e incluso la admiración de quienes lo observan ahora llevar con toda dignidad el cargo de exgobernador, el primero.

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