Por Victoria Castro Chávez
Chetumal.-El dinamismo acelerado que caracterizó a la economía de Quintana Roo en años recientes comenzó a mostrar signos de agotamiento. De acuerdo con los datos del Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE), difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el 29 de julio de 2026, la entidad registró una contracción de -1.9% a tasa trimestral.
En la comparación a tasa anual respecto al mismo trimestre del ejercicio anterior, el retroceso alcanzó el -2.9%, ubicando a Quintana Roo entre las entidades federativas con desempeño negativo en el arranque de 2026.
El reporte del INEGI refleja un giro importante en la dinámica del Sur-Sureste del país. Tras el cierre de las etapas intensivas de edificación de grandes proyectos de infraestructura federal —como el Tren Maya y el Aeropuerto Internacional de Tulum—, el sector secundario (industria y construcción) registró la contracción más marcada en el estado.
Mientras la construcción sufrió una severa moderación, el sector terciario, pilar turístico sustentado en la hotelería, gastronomía y servicios conexos de Cancún, la Riviera Maya y Tulum, logró amortiguar parcialmente la caída. Sin embargo, la menor derrama económica generada por la masa asalariada que empleaban las obras públicas impactó el consumo local y el comercio minorista.
Por su parte, las actividades primarias (agricultura y pesca en la zona maya y sur del estado) mantuvieron un peso marginal en el volumen general del ITAEE estatal, sin la fuerza suficiente para alterar la tendencia negativa del agregado.
Estos resultados marcan la transición hacia un periodo de «normalización» económica para el estado. Tras trimestres con tasas de crecimiento atípicas impulsadas por la inversión pública, la economía quintanarroense enfrenta ahora el desafío de sostener su crecimiento apoyándose nuevamente en su vocación turística y en la atracción de inversión privada en desarrollos inmobiliarios y comerciales.
La atención de las autoridades locales y del sector privado estará puesta en la evolución de los datos del segundo trimestre de 2026, clave para confirmar si la contracción reportada por el INEGI responde a un ajuste estacional tras el fin de la obra pública o a una desaceleración más prolongada del mercado interno.






















