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La política y sus demonios

La política y sus demonios: Debut y despedida del niño verde Miranda

Por Felipe Hernández

Aburrido de la vida placentera, despreocupada y sin sobresaltos que le da la fortuna familiar, al niño verde Gustavo Miranda García se le ocurrió jugar a la política…pero sus errores cotidianos perfilan que la diputación que ahora ostenta será su debut y despedida en los quehaceres públicos.

Uno más de los ya muchos personajes ambiciosos, sin formación política y sin compromiso social que el Partido Verde ha incrustado en el quehacer público de Quintana Roo, el diputado Gustavo Miranda García está mostrando todos los días lo que ya se sabía: está muy verde para la política. Y seguramente tampoco le interesa: es su pasatiempo del momento, sin importar el daño que le cause a Quintana Roo.

Seguramente la actividad legislativa no despierta en él ninguna emoción. Sólo a ratos le divierte. Estar en una sesión, leer una iniciativa de ley y procurar entenderla es más aburrido que pasear en yate, por ejemplo.

Seguramente procurar entender los mecanismos de la correcta administración de los recursos públicos, ahora que detenta el cargo de presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política de la XVI Legislatura, es demasiado para su placentero estilo de vida.

Para no aburrirse, el niño verde Miranda va de ocurrencia en ocurrencia. Un día se levanta y se le ocurre, por ejemplo, llenar de cámaras de videovigilancia el edificio del Congreso, como si alguien estuviera pensando en asaltarlo.

Otro día le parece que los cuadros habituales en las oficinas públicas con el retrato de Andrés Quintana Roo se ven anacrónicos y mejor encarga que le hagan un cuadro diferente, más actual, donde Andrés Quintana Roo se vea más juvenil y se parezca a… él mismo, al niño verde diputado.

Otro día se le ocurre, ¡qué bien!, que es necesario dar de baja a los «aviadores». Y sale a declarar, sin mayores datos, que ya corrió a 50 que cobraban medio millón de pesos al mes. Pero cuando le piden nombres, datos, detalles simplemente nada sabe, y por eso ya fue denunciado ante la Fiscalía Anticorrupción, por su opacidad, aunque, desde luego, no hay esperanza de que sirva para algo la denuncia. Sin embargo, el objetivo de los despidos no es aligerar la nómina: es hacer espacio para poder contratar a sus propios incondicionales. Ya se sabe que el Congreso local es un elefante reumático con poco más de 700 empleados: 188 de base, 418 de confianza y una cifra fluctuante de honorarios.

Y así va el verde niño verde Miranda, de ocurrencia en ocurrencia, pero nada más.

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