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Por Mario Castillo Rodríguez
Como ya es costumbre en estas maravillosas y ambicionadas tierras quintanarroenses, en cada proceso electoral para renovar a los inquilinos del Congreso del Estado, la mayoría de los partidos políticos libran arteras batallas internas para obtener los primeros sitios en las listas de candidatos a diputados de representación proporcional, ya que para muchas agrupaciones estos espacios representan la única forma de llegar a la Cámara local y en otros casos son la ruta aterciopelada para asegurar a los “incondicionales” un lugar en el Poder Legislativo.

No obstante, la nominación del aún líder el PRI estatal Pedro Flota Alcocer, era algo por demás esperado, como consuelo ante la pérdida de la candidatura a la presidencia municipal de Othón P. Blanco, que fue depositada en la persona de Eduardo Espinosa Abuxapqui, quien a simple vista, goza de un allanado camino para llegar por segunda ocasión a la silla mayor de Palacio Municipal.

Y es que Flota Alcocer no podía quedar fuera de la lista, en primero porque siendo un político con amplia trayectoria en el servicio público, siempre ha respondido con disciplina al Revolucionario Institucional, y desde luego, esta es ya la tercera ocasión que acaricia la candidatura capitalina. Quizá la próxima sea la suya.

Ahora bien, lo de Cora Amalia responde a otra historia, a la de una priista desgastada que en sus ansias de poder negoció y mendigo por su “último cuplé” obteniendo así el segundo lugar en la lista de pluris del Tricolor. Aquella mujer de carácter y con empuje entre las huestes de la maquinaria priista, hoy tiene que conformarse con las migajas de su partido, y aunque su inminente y mísera llegada al Congreso podría poner en aprietos a Pedro Flota lo cierto es que si el PRI logra la mayoría en la XIV Legislatura, habrán otras figuras de peso como Filiberto Martínez y el propio ex tesorero municipal de Solidaridad, José Luis Toledo Medina (Chanito), que no darán espacio a que la ex alcaldesa utilice sus añejas artimañas en pos de arrebatarles la Gran Comisión, es decir, el control del Congreso del estado de Quintana Roo.

Es del dominio público que ésta es la última carta de Cora Amalia, en un juego en el que no es bien vista, en el que no goza de ya de aquellas simpatías que gozó durante el sexenio de Félix González Canto, donde fue una cercana colaboradora comodina, más no leal. Sus arrebatos la llevaron a la indisciplina, pues recordemos que “Corita” intentó saltarse las trancas para apoderarse de la candidatura a la diputación federal en el año 2009, y obligó al mandatario en turno a poner freno a sus voraces ambiciones.

Hoy que la cúpula priista la ve con desprecio, como un mal necesario, y desde luego, paga sus favores con una miserable plurinominal, Castilla Madrid logra salir de la congeladora, de la banca, de ese limbo político donde van las figuras que ya no dan el ancho, de aquellos que ya no son del agrado del “señor”.

Y aunque todavía resta ver el transcurrir de este proceso, cabe destacar que las pluris, siendo plataformas tan sensibles, deben ser reservadas para “los liderazgos”, para figuras que representen de manera auténtica a la institución, pero sobre todas las cosas, para quienes le puedan ser leales y fieles a las necesidades del partido, un perfil que Cora Amalia está lejos de cumplir.

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