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Quintana Roo o el fin del paraíso mexicano

Por: Emilio Lezama

La primera vez que fui a Cancún ya la ciudad era lo que es hoy: un paraíso reconvertido para el turista estadounidense. Los problemas de Cancún son grandes, la privatización descarada de la playa, el ecocidio, y ahora también, el crimen organizado. Sin embargo, el que Cancún haya sido así desde mi primer encuentro con la ciudad vuelve más difícil entender el tamaño de la corrupción que ha permitido su desarrollo. En cambio, la historia reciente de Tulum es un instructivo preciso del desarrollo destrampado mexicano. Un desarrollo sin visión más que el de la corrupción y el enriquecimiento propio.

Tulum, es el resumen del despropósito del desarrollo mexicano. Las ruinas de una ciudad antigua, el caribe más paradisíaco y una selva espesa parecen la receta perfecta para uno de los lugares más espectaculares del planeta. Si Tulum estuviera en Costa Rica, lo habrían convertido en un santuario natural, con acceso al ser humano pero bajo una proyección de sustentabilidad genuina. En México no, aquí los compadrazgos, las mordidas, los favores y, sobretodo, el dinero, son la única visión de Estado que prevalece. Lo de Tulum podría caber en las páginas de una distopia mexicana, el pequeño pueblo ha sido interrumpido por un frenesí inmobiliario deplorable, un desarrollo que ha destrozado la selva y la riqueza natural local y que sigue extendiéndose sin freno.

Hoy, Tulum se autoproclama desde la voz de sus nuevos residentes y visitantes, como un sitio exclusivo, “distinto” a Cancún. Lo único distinto es el delirio colectivo. No solo el delirio de que ahí un restaurante debe cobrar en dólares y que un estacionamiento en la calle vale 200 pesos, sino un delirio de que las cosas ahí se están haciendo “bien”. Si bien en Tulum no hay hoteles faraónicos, el resultado final es el mismo: un conglomerado de cortoplacismo, uno sobre el otro. Existe una intención entre las élites mexicanas y estadounidenses de buscar convertirlo en un Brooklyn en la playa. La historia se repite primero como tragedia y luego como farsa decía Marx, quizás también sucede lo mismo con los conglomerados urbanos.
Todo en Tulum parece una improvisación destructora que busca cumplir con esa farsa. A 500 metros de las ruinas de una de las últimas ciudades mayas, hay, convenientemente, un Starbucks. La calle principal por la que transitan esmeradamente los “tuluminati” en sus bicicletas, no tiene banquetas, ni espacio para tantos carros y mucho menos bicicletas. La arquitectura “sustentable” es más bien un ensimismamiento de construcciones con adornos eco-amigables. Lugares que se esmeran en parecen hipsters o cool, pero con una fabricación genérica.

Aún así, lo más impresionante es el frenesí inmobiliario. Miles de hectáreas de selva han sido sacrificadas para dar cabida a clubs de golf y decenas de desarrollos de molde donde te venden 40 metros cuadrados de paraíso a cambio de que mantengas la ilusión de que no es, en realidad, un infierno. Cuando le preguntas a los desarrolladores sobre la sustentabilidad, te presumen algún panel solar y la conservación generosa de lo que ellos llaman “selva” pero en realidad son 10 árboles que los separan del siguiente desarrollo.

El ecocidio no es exclusivo de Cancún y Tulum. En Sian Ka’an se acumula la basura. En Akumal se ha ideado una nueva forma del negocio. Para “proteger” a las tortugas no puedes entrar a partes del mar sin contratar un tour. Hay muchas formas para conservar a las tortugas y muchas son necesarias, pero esta medida más bien protege la economía del “centro de buceo”.

Más al sur, la destrucción de Bacalar ya empieza. La laguna de Bacalar no solo es estéticamente impresionante sino que tiene características de vida bacteriana únicas que hacen fundamental su conservación. La laguna sin embargo es sumamente frágil. Su atractivo turístico, su color, es sumamente vulnerable a cualquier presión externa. Dada la fragilidad del ecosistema, las autoridades tendrían que implementar un proyecto urgente antes de que sea demasiado tarde. En lugar de ello, alrededor de la laguna todo está en venta y crecen nuevos hoteles, muchos de ellos completamente desmesurados. Las vida bacteriana de la laguna es vulnerable a los motores, pero en Bacalar circulan jetskis y lanchas motorizadas de “tours” que llevan a miles de visitantes como rebaños de un lugar a otro. ¿Por qué en México solo existe una noción del turismo?

La riqueza de Quintana Roo es enorme y por ello el botín de su aprovechamiento también. A su vez, la lejanía con CDMX en un país tan centralizado ha significado una ausencia de escrutinio de la opinión pública y los líderes de opinión. Las autoridades de Quintana Roo, una tras otra, han tenido vía libre para destruir la naturaleza y construir su patrimonio. Es hora de exigirles un proyecto verdadero que frene la destrucción y construya una verdadera sustentabilidad entre la presencia humana y la naturaleza. En un momento en el que la oposición busca desesperadamente una forma de volver a figurar en la política nacional esta es una oportunidad única: gobernar bien. En lugar de pactos y quejas en Twitter, recomiendo consolidar proyectos innovadores y plausibles donde gobiernan. Resaltar por ser un gobierno estatal distinto, innovador y verdaderamente sustentable. Quintana Roo sería el mejor lugar para empezar a hacerlo.

Fuente: El Universal

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