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Balanza

PVEM Q. Roo, franquicia de ‘juniors’ inexpertos y figuras de relumbrón

Bien verdes*Buenos para el bisne y la negociación; pero malos, malísimos para el trabajo político

Por Mario Castillo Rodríguez

Rémora del partido en uso del poder oficial, intercambiando favores –incluso de alcoba- y gozando de los míseros dividendos que le son arrojados; el Partido verde Ecologista de México (PVEM) en Quintana Roo, se ha convertido en cuna de ‘juniors’ inexpertos y creador de figuras de relumbrón que en su momento aprovecharon coyunturas para ganar terreno en el plano político, pero que hoy no son más que peones de segunda mano o simples piezas de archivo.

Creados a imagen y semejanza del otrora ex dirigente de este instituto político a nivel nacional Jorge Emilio González Martínez mejor conocido como “el niño verde”, los ‘juniors’ que hoy militan en el PVEM quintanarroense dan pena ajena por transitar en senderos que amén de ser cauces de quimeras, no conducen a destinos concretos, y por ende, carecen de credibilidad en el electorado ya que sus pasos van en razón de las ordenes priistas.

Claro ejemplo es representado por el mismo dirigente del Verde Ecologista en la Entidad, Remberto Estrada Barba, quien a sus 22 años tuvo la fortuna de hacer migas parranderas con Jorge Emilio González “El Niño Verde”, y tras la invitación de éste para incursionar en el ‘hobby’ de la grilla, en poco más de tres años ha pasado de regidor a diputado local y líder de su partido, cargo que al día de hoy pretende conservar por reelección; pero que de nada le ha servido ya que en su efímera carrera política se ha dedicado al derroche de recursos y dar rienda suelta a las bajas pasiones conjugadas con rituales de adoración al Dios Baco, y todo con cargo a las prerrogativas del partido y al Poder Legislativo.

Es del dominio público que su en ejercicio como diputado local, Estrada Barba ha dejado mucho que desear con sus constantes ausencias en el pleno de sesiones, y con su reciclada y única iniciativa de prohibir animales en los circos. Todo un junior inexperto matando el tiempo en el plano político a cambio de poder, porque de las riquezas ya goza gracias a su acaudalado padre.

Ni que decir del aprendiz de “Remberto”, Pablo Fernández Lemmer Meyer, que no es más que un arrogante lastre para la XIV Legislatura ya que los que si trabajan como diputados, no sólo tienen que tolerar sus ineptitudes, sino incluso cambiarle los pañales en ausencia de su pareja de partido, a quien hoy debe su desperdiciado puesto en la máxima tribuna de Quintana Roo.

Otro “verde” que ni pinta ni da color, es el importado veracruzano director de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en el estado, Francisco Elizondo Garrido, que lejos de cumplir con el encargo se ha dado a la tarea de entrarle de lleno al “bisne” aprovechando la desgracia de los ejidatarios y de propietarios de terrenos con colindancias marítimas, tal y como señalan abiertamente quienes le conocen desde que era titular de la Secretaría Estatal de Medio Ambiente, de donde dicen renunció para ir en busca de una fallida diputación, pero que realmente fue removido por oscuras actividades que salieron a la luz pública en esos tiempos no muy lejanos.

Figuras de perfiles más bajos como la regidora capitalina Abigail Alonso Barradas, que no le excluyen de ser soberbia y vanidosa, también han dejado mal parado al Verde Ecologista con su constante ausentismo en la sala de cabildos, y con su nula aportación de propuestas y temas que aterricen en la construcción de un plan de gobierno enfocado al bienestar social.

Asimismo, poco o nada se puede esperar de la defensa del medio ambiente ya que para “Abi” la contaminación de la Bahía de Chetumal no es tema de interés, al menos no para la “arrogante muñequita” que va en pos de otros escenarios que le catapulten a esferas de niveles acordes con sus ilusas aspiraciones políticas.

Lo anterior por mencionar algunos viciositos de la grilla, pero la realidad es que quienes hoy se abren paso en la filas del PVEM en la entidad -todos por igual-,  son una clara copia de su maestro “El Niño Verde”, que con sus privilegios heredados nunca ha sido tema de primeras planas en su trabajo político, pero mucho se ha caracterizado por sus constantes escándalos de borracheras, tráfico de influencias y corrupción abierta; sin pasar por alto los saltos que ha dado de cámara en cámara para obtener siempre una curul y promover “iniciativas recicladas” que justifiquen su deplorable labor legislativa con cargo al erario.

Peones de segunda mano

Vergonzoso es para la sociedad mencionar nombres como el de la ex legisladora federal Ludivina Menchaca Castellanos, quien no es más que un despojo de las filas del verde Ecologista, y lejos de defender los derechos de los más desprotegidos, hoy como titular de la Profepa dedica su trabajo al servicio del mejor postor, sin importar que su figura ya no goce más que del desprecio generalizado de los quintanarroenses.

La Menchaca Castellanos que hoy está dedicada al negocio de espacios naturales en riesgo, ayer se dedicó también a negociar posturas -y otras bondades- en el intercambio de favores (…) que incluso dejó ganancias para su marido el ex diputado Ramón Loy Enriquez, quien llego al congreso del estado tras la salida de la diputada ‘juanita’ Gabriela Medrano Galindo. Por cierto otra polémica figura del PVEM.

Un caso similar es el ex diputado José de la Péña Ruiz de Chávez, quien bajo el conformismo de representar el poder tras la silla de Paul Carrillo, sueña con brincar el peldaño aunque mucho se rumora que la Secretaría General del ayuntamiento benitojuarense fue su premio de consolación y el tajante “hasta aquí”.

Piezas de archivo

Ahora bien, de aquellos que años atrás fueron pioneros de esta corriente política en Quintana Roo, y enarbolaron la bandera de un partido defensor de las causas sociales y comprometido con el medio ambiente, no quedan más que los despojos y la triste melodía que los recuerda como artistas de relumbrón.

Algunos nombres brillaron en el escenario, que su intensa luz y el exceso de confianza, fueron la causa de su extinción y la condena a la que ahora están sometidos, sin la esperanza de remover el pie del poder que hoy los subyuga.

Y quien más gano fama fue la polémica Marisol Ávila Lagos, que con sus arrojos brinco de la regiduría benitojuarense a la diputación local, favorecida con el “empuje” del entonces gobernador Joaquín Hendricks Díaz, quien incluso la “sentó” en la presidencia municipal interina de Benito Juárez a la dramática salida del Juan Ignacio (Chacho) García Zalvidea. (Este último se cuece aparte, pues después de ser el talón de Aquiles de los priistas en el relevo de Hendricks vestido de perredista, hoy no es más que un fiel lacayo del Revolucionario Institucional; todo a cambio de su libertad y dar carpetazo a sus tranzas como alcalde canunense).

Marisol, quien también fue dirigente del PVEM en Quintana Roo, muy caro pago su error al presumir tener esas tersas manos, pues gritar a los cuatro vientos que tenía al gobernador Félix González Canto “agarrado de los huevos”, lejos de tomar fama como experta concubina, le valió su retiro inmediato de las altas esferas políticas. Exilió que hoy le condena a vivir como triste recuerdo.

Alain Ferrat Mancera y Geovani Gamboa Vela, también ex dirigentes de este instituto político y defensores del controversial Ombligo Verde de Cancún, perdieron el hilo de la continuidad gracias a sus ambiciones, pues lejos de alcanzar una curul estatal o federal se conformaron con los amarres bajo la mesa que dejaron jugosos dividendos económicos –vendiendo incluso importantes posturas a la oposición sin consultar con sus padrinos tricolores-, a cambio del sepulcro de sus “prominentes” carreras políticas.

La aberrante conclusión, es que el trabajo de quienes estuvieron y están en las filas del Partido Verde Ecologista en Quintana Roo, dejan mucho que desear a la militancia común. Cortados por la misma tijera, todos (incluso los no mencionados) han salido buenos para el bisne, las negociaciones bajo la mesa y el servilismo al partido en el poder; pero malos, malísimos para legislar y trabajar en favor de mejorar las condiciones de vida del concierto social.

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