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Invitado

Más que una maqueta, una identidad payobispense

Gabriel Aarón Macías Zapata.

Ha corrido la noticia de que el Congreso sostiene la idea de recuperar el terreno donde se encuentra la maqueta de Payo Obispo, la cual se ha convertido en el único punto de referencia para que las generaciones venideras, los que venimos de fuera y los turistas; tengamos una idea sobre cómo era esta ciudad en sus orígenes, por cierto, muy distinta en su fisonomía a la actual, lo que aumenta su valor para procurar su conservación.

En una ocasión, el historiador José Gaos analizó la Catedral de Chartres y tuvo la oportunidad de interpretar a través de un sinfín de detalles escultóricos y arquitectónicos; a la ideología del mundo medieval paralela a los elementos que identificaban a quienes vivieron en aquella época, cuando la humanidad occidental transitaba hacia el mundo moderno. Más allá del ámbito religioso, el edificio resultó ser un amplio repositorio de datos culturales, ideológicos, así como de prácticas sociales que daban sentido e identidad a la sociedad medieval.

En su investigación Gaos confirma que no se trataba de proyectos individuales, aislados; producto de los escultores, los arquitectos e incluso de los gobernantes. Más bien, era reflejo de la colectividad, fruto de las ideologías compartidas por la mayoría, de las prácticas sociales y culturales que los identificaban como los actores del mundo medieval. Aún con las grandes limitantes de la arquitectura y de la escultura para expresar a ese universo tan complejo, es indiscutible que la catedral de Chartres identifica en gran medida lo que era el pasado gótico.

Algo similar sucede con la Maqueta de Payo Obispo, cuya representación se acerca a los orígenes de la ciudad en 1898, hasta llegar más o menos a finales de los años treinta del siglo pasado. Entre los trazos de las calles, en las casas y edificios a escala vive y se pasea la identidad. Se refleja en el estilo arquitectónico adoptado por la influencia inglesa, no solo por la cercanía con la colonia de Belice, sino además porque muchos de los primeros pobladores eran refugiados de la guerra de castas en el norte del asentamiento británico, frontera con México. Consigo también importaron una parte del arte culinario de la cocina beliceña, que de por sí ya era una mezcla con la comida de los negros, los ingleses y además de los mayas yucatecos refugiados de la guerra de castas.

En gran medida la fisonomía y la identidad de la naciente ciudad también estuvo marcada por la geopolítica. La ubicación del incipiente poblado se debe a la influencia de los informes que el empresario forestal Manuel Sierra Méndez enviaba a las oficinas centrales de Guerra y Marina, de las Secretarías de Fomento y de Hacienda. El objetivo era obtener el control del contrabando de armas de Belice para los mayas de Chan Santa Cruz, así como de los productos forestales y para ello Sierra propuso instalar una aduana. Entre los sitios propuestos estaban la isla Tamalcab, Boca Bacalar Chico y la desembocadura del Río Hondo en la Bahía de Chetumal. El ejecutor del plan fue el Almirante Othón P. Blanco, personaje que seguramente conoció los informes de Sierra Méndez, al decidir instalar la aduana en la confluencia del río y la bahía.

De tal suerte que la ubicación no se hizo bajo el criterio de seleccionar las mejores tierras para el cultivo, sino el sitio más seguro para alcanzar el dominio sobre el tráfico fronterizo que se realizaba a través de la conexión entre la laguna de Bacalar, el Río Hondo y la Bahía de Chetumal. En adelante, la identidad geopolítica de Payo Obispo estuvo asociada a que el poblado asumió la triple función de ciudad-puerto-aduana.

No es casual que el incipiente asentamiento estableció los principales centros de poder en las cercanías de la playa. De frente a la bahía fue construido el palacio de gobierno, mientras que la aduana quedó dentro del mar cuando se instaló en el Pontón Chetumal y luego en el muelle al construir el edificio aduanal. En los alrededores se encontraba la selva tropical rica en maderas y chicle, principal fuente de empleo de la mayoría de los hombres y, en gran medida, artífice de la identidad payobispense.

El proceso bajo el cual la identidad en esta ciudad fue tomando forma en sus inicios, tuvo lugar dentro del área de influencia de Payo Obispo y que se extendía de acuerdo con la jurisdicción de la Aduana de Chetumal; a saber, por el norte a partir de Punta Flor, ubicado en la Bahía del espíritu Santo, hasta la frontera con Guatemala. Aunque no se descarta la existencia del contrabando, por ley los productos forestales explotados en esta extensa zona debían pasar por la aduana para su verificación y posterior exportación por el puerto. Es por ello que atinadamente Luis Rosado Vega denominó a Payo Obispo como “el ombligo de los hatos” chicleros.

Lo anterior no significaba que los habitantes de los poblados distribuidos en esta amplia zona compartieran fielmente los rasgos identitarios de la incipiente ciudad, sino que fue un espacio en donde se tomaron algunos elementos culturales que luego fueron introducidos al poblado dada su característica de ciudad-puerto-aduana.

Cada temporada forestal una mayoría de payobispenses se internaban en la selva para extraer los productos forestales. El bosque tropical se convirtió en una amalgama cosmopolita en donde la identidad se recreaba: el espacio selvático confirmó la integración de las prácticas tradicionales de los mayas, los negros de Belice y los mestizos tuxpeños que convivieron con los hombres y mujeres de Payo Obispo. La medicina tradicional de los mayas curó muchas orejas atacadas por la mosca chiclera, los métodos de cacería indígena llenaron algunos estómagos y la magia del Hmen alejaba al monstruo Sisimite de los hatos chicleros. A su regreso a la ciudad, estos factores culturales eran compartidos con el resto de los citadinos, a lo que se agregó la tradición del comercio de importación que entraba por el puerto, productos que también eran consumidos en los hatos chicleros.

Si bien, en este breve escrito es imposible extender el análisis de la identidad payobispense; estas breves notas sirven de trasfondo para asegurar que la representación de la ciudad muestra un intento que pretende reflejar el: “que somos” y “quienes somos”, es decir, lo que identificaba a los pioneros payobispenses y que en parte quedó plasmada a escala en la maqueta.

De esta manera, al igual que las representaciones incluidas en la catedral de Chartres, la construcción y diseño de la maqueta de Payo Obispo no fue obra individual de su creador, don Luis Rehinhard McLiberty, a quién conocí allá por el año de 1985 en la biblioteca Javier Rojo Gómez. En este sitio y junto con otros contemporáneos que rondaban por su misma edad, comenzó el proyecto de reconstruir a escala a la antigua ciudad. Fui testigo que entre ellos mantenían sendas discusiones sobre el trazo del asentamiento, con el objetivo de expresar su fisonomía lo más acercada a la original; lo que era aprobado mediante un estricto consenso colectivo, al igual que algunos detalles ornamentales de las casas y los edificios.

Se trataba de un intento colectivo para dejar un legado a las siguientes generaciones, para mostrar que una parte de la identidad payobispense quedaba plasmada en el trazo urbano en miniatura. Por estas razones la representación de Payo Obispo fue fruto del esfuerzo de la memoria colectiva, de un acercamiento fidedigno a una época que ha sido rebasada por la modernidad y que solo puede ser conservada a través de la maqueta.

En la actualidad esta reconstrucción vuelve a ser amenazada por la misma modernidad, e incluso se ha propuesto cambiar de lugar lo que ahora se ha constituido en un museo. ¿Qué significado tendría para la identidad local trasladar a otro sitio la representación de nuestra ciudad que nació y creció de frente al mar? La XV Legislatura tendrá que valorar si es necesario pedir el desalojo del terreno para sustituir la maqueta por un edificio, que seguramente será erigido bajo un estilo arquitectónico ajeno al que representa la identidad del antiguo Payo Obispo, con el objetivo de satisfacer las necesidades de una Legislatura que no existiría si no fuera por el tesón de los pioneros que tercamente influyeron en el desarrollo de la ciudad y en la conformación de una identidad colectiva.

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