Los dardos envenenados de Mario

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mario-villanueva-madridNicolás Lizama

Si algo no podemos negar, es que a Mario Villanueva le sobra lo que le falta a muchos políticos del patio: !exacto! Eso que ustedes se están imaginando…

Por el momento ha logrado lo que ningún editorialista: hacer que se le reviente la bilis a uno de los candidatos y a dos que tres panes grandes que tienen que ver en la contienda.
Es un cab… ese Mario. Sabe en dónde meter la puya para que duela. Para que arda. Para que a quien va dirigido el misil no tenga modo de sacar a relucir su indiferencia, algo muy dado en los políticos del patio, que con eso quieren dar a entender que les resbala todo lo que debería hacerles entrar en razonamiento.

Parte del éxito de MVM se basa en que no se anda con tanto cuento. No se anda por las ramas. No se anda con demasiadas florituras. A lo que va. A pegar el pescozón cual es. Sin miramiento alguno. Deja como palo de gallinero -como lazo de cochino dirían otros-, al cristiano al que se dirige. Faltaba más.Ese es el objetivo.

Y vaya guamazos que pega el ex gobernante. Rudo, al estilo de la casa, hasta salivita le pone al nudillo de sus dedos y !zaz!, va el $%&# sin compasión alguna.

Conocedor de las tripas de la bestia, sabe por dónde moverse. Sabe de qué pie cojea su adversario. Tan lleno de cadáveres los clósets de nuestros ilustres políticos, Mario se aprovecha de esa circunstancia.

Si un servidor fuese dueño o director, al menos, de un periódico, ya lo hubiese contratado como columnista.

 Hasta antes de que nos fuésemos a la quiebra (o a la chin…, como a usted mejor se le acomode) seríamos los más vendidos en toda la comarca. El pan caliente del Griego nos haría los mandados. Y digo quiebra porque a falta de publicidad-las críticas rudas (o los madr…, como usted guste llamarle), es lo que provocan, lo que indudablemente haría que abandonáramos el periodismo y nos dedicáramos a la venta de paletas (una profesión, por cierto, tan noble como cualquiera).

Los textos del buen Mario son como una coloradilla -garrapata muy pequeña-, bien agarrada precisamente en donde se está imaginando (¡arggg, y como friegan las condenadas!).

Mario pone el dedo en la llaga y no solo eso, de pilón le echa tantita sal y tres gotitas de limón. Para que “amarre”. Para que el aludido chille como perro de la calle cuando le propinan una patada en salve sea la parte.

Me imagino a varios políticos escabulléndose para que Mario Villanueva no les suelte un “veletazo”.
Mario, donde pone el ojo, pone la bala. Su puntería ha adquirido celebridad en toda la comarca.

Aguas con Mario. Anda con la espada desenvainada.

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