728×90
La consigna es no dejarse

La consigna es no dejarse

sin respetoNicolás Lizama

A como están las cosas –tan de cabeza-, pocos son los que creen que en Chetumal hubo un tiempo en que todo lo pedíamos con él “por favor” por delante.

“Por favor, podría proporcionarme la hora”, decía algún caminante que pasara por nuestro lado y uno, nobleza obliga, se detenía y le mostraba el reloj para que él mismo constatara la posición de las manecillas en el artefacto.

Hoy, eso no se puede. Menos si el reloj que portas es de un valor considerable. Hoy, por un reloj medianamente caro, los ladrones podrían arrancarte hasta la mano.

Estamos viviendo momentos tan difíciles en ese sentido, que son muchos los que extrañan a aquellos rateros de antaño, a los clásicos, aquellos que llegaban por detrás y te decían: “¡El dinero o la vida!”. Ante esa circunstancia, uno ya sabía a qué tirarle. Bajo advertencia no hay engaño. Y entonces uno, para evitar que el problema adquiriera magnitudes de tragedia, lo que hacía era darle al ladrón todo lo de valor que se trajera.

En aquellos tiempos hasta los amantes de lo ajeno cumplían su palabra. Se llevaban todo lo de valor que trajeras, sin embargo respetaban tu existencia, acaso lo más valioso con lo que contamos.

Las costumbres han cambiado desde aquel entonces. En estos tiempos ya no hay respeto para nadie. Ahora cada quién se las rasca a como puede. A como Dios les dé a entender. A como la suerte lo disponga.

Ahora las mentada de madre son las que predominan. Ahora, cualquier bribón, aparte de despojarte de tus pertenencias, te sepulta con blasfemias. Y si ya de plano anda con la vena atravesada, corres el riesgo de que te prive de la vida.

Estos son tiempos en los que el respeto se ha perdido. Ya nadie tiene tiempo para andar con cortesías. Tiene mucho tiempo que la amabilidad cedió paso ante la brutal acometida del rústico, del tosco que todos llevamos dentro.

Hoy, desde que salgas a la calle, haz de cuenta que te adentras en un campo de batalla en donde los gandayas son quienes tienen más probabilidades de sobrevivencia.

No deja de ser una desgracia el que nos hayamos deshumanizado de tal manera. Ahora son muchos los que tienen la idea –terrible por donde se le vea-, de que mientras más hijo de la tiznada seas, más probabilidades tienes de evitar que otros vengan y se solacen a tus costillas.

A diferencia de otros tiempos, en estos días, cuando salgas a la calle, no esperes ningún tipo de amabilidad de parte de la gente que va y viene con rostro de pocos amigos. Agradece que ni te volteen a ver, porque si lo hacen, corres el riesgo de que te claven su mirada como un par de puñales y te griten a la cara: ¿Qué %&$#/& es lo que quieres?”.

Tiene mucho tiempo que la amabilidad se escurrió por el caño del sumidero. Ha pasado mucho tiempo desde que hubo caballeros, pasajeros en los autobuses urbanos, que se levantaban de sus asientos para que una dama lo ocupara.

En estos días, más que preocuparse por cederle el paso a un cristiano de la tercera edad que pase a tu lado, lo que hay que hacer es ponerse ojo al chícharo, estar “avispa” para que no vaya a ser la de malas que el tipo sea un bandolero que en un momento dado sacará un arma y, previas mentadas de madre, te despojará de todo lo valioso que cargas encima.

Hoy, cuando sales a la calle, es necesario ir preparado para sostener un duelo de poder a poder con otros tipos que, malhumorados por mil razones, no escatimarán esfuerzo para demostrarte que sus bravuconadas son más efectivas que las tuyas.

Hoy, en la calle, ni de casualidad esperes un “buenos días” acompañado de una gran sonrisa. Para empezar, si se da esa remotísima circunstancia, lo primero que vendrá a tu mente es: “Este tipo quiere desgraciarme”. Y en vez de contestar en forma amable, lo que harás será salir corriendo para alejarte lo más pronto posible de ese fulano cuya repentina e insólita amabilidad se convierte de pronto en la más firme sospecha de que es un bandolero.

Así de mal están las cosas.

Related posts

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: