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Balanza

Gabriel Mendicuti hace evidente su discapacidad como autoridad

Por Mario Castillo Rodríguez

Para toda sociedad resulta vergonzoso el apreciar como una autoridad reconoce que ha sido rebasada en sus capacidades por la delincuencia, es como tirar la toalla antes de pelea, tal y como lo hizo el secretario de Gobierno Gabriel Mendicuti Loría, al declarar ante los medios que en la zona sur de Quintana Roo es necesaria la intervención de la población para poner un alto a los delincuentes.

Textualmente Mendicuti Loría dijo que “La población se tiene que organizar y nos tiene que ayudar para darnos información precisa sobre un robo o un delito, así como la tecnología es usada por la gente también se utiliza por la delincuencia, por esos deben darnos datos precisos de un delito”.

Con estas palabras, el Secretario de Gobierno reconoce no sólo la inoperancia de las policías estatal y municipal de dar garantías de seguridad a la sociedad en sus bienes y su persona, sino la suya propia ante la falta de estrategias para que las y los quintanarroenses confíen en las acciones de las corporaciones.

Y vaya que resulta vergonzoso ver como el propio responsable de las políticas internas del Gobierno del Estado reconoce que las policías locales carecen de capacidad para erradicar la ola de robos a casa habitación, que en las últimas fechas han puesto en jaque a la sociedad quintanarroense.

Y lo peor es que en el sur de Quintana Roo la gente ha recurrido a tomar estrategias a la altura de entidades como Michoacán, Sinaloa y Sonora, donde los grupos autodefensas han surgido en pro de hacer justicia con mano propia a raíz de los altos índices de delincuencia, producto del descontrol de las autoridades sobre el crimen organizado; lo que ha generado la aparición de cerca de 60 grupos vecinales en la capital del Estado, así como en comunidades como Calderitas, Nicolás Bravo, entre otras de la Ribera del Río Hondo, y esto podría aterrizar en un estallido social.

Extraño pero cierto, y el propio Gabriel Mendicuti tiene conocimiento de lo antes mencionado y no solo reconoce la discapacidad de las policías, sino que avala el surgimiento de estos grupos que actúan al margen de la ley, y que, guste o no, entrarán al quite de las responsabilidades que corresponden a las autoridades quintanarroenses.

Sin embargo, lo anterior no es motivo de asombro, pues la conducta de Mendicuti Loría siempre ha estado basada en evadir responsabilidades, y el pasado conflicto magisterial fue una clara muestra de su disfuncional actuación, ya que su trabajo como mediador fue por demás efímero e ineficaz, ocasionando que los disidentes bloquean las vías de comunicación para poner en jaque a toda la Entidad.

Ni que decir de aquellos tiempos en los que fungió –o más bien fingió- como titular de Sedari, donde jamás dio respuesta a las necesidades del campo quintanarroense, y dicho cargo sólo le sirvió para incrementar su deplorable capital político y sus activos económicos, a cambio de la desgracia y la miseria de los hombres del campo.

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