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Félix, doña Severa y la hueviza

severaNicolás Lizama

Doña Severa jamás se imaginó que la amistad con Félix la haría famosa. Sabía que la cercanía con el ex gobernador le traería beneficios  a corto y mediano plazo pero nunca, ni en sus sueños más guajiros, imaginó que por él un día estaría en boca de todos y no de muy buena manera que se diga.

La doñita –supongo-, no ha podido dormir tan tranquila que se diga. Desde aquel día en que a Félix, muy solemne, se le ocurrió quitar el pendón del rival de campaña, la dama habrá tenido innumerables pesadillas.

Su nombre fue pronunciado por innumerables candidatos con la severidad que ameritaba el caso. Aun cuando lo suyo fue de refilón, a fin de cuentas, el manjar, la carnita para los adversarios, era el cozumeleño hoy apodado “El Destroyer”.

Cuando salió a la luz pública el famoso video, causó incredulidad en mucha gente. A Félix puede acusársele de muchas cosas menos de pe…rico.

“Lo clonaron!”, dijeron sus allegados. “¡Ya nos lo chingamos, dijeron sus adversarios. Y ambos desempolvaron el hacha de guerra para darle en la… al adversario. Y es que aquí, en territorio sancaralampiño, sabido de todos es que cuando el rival se da un tropezón, hay que aprovechar para hacerlo polvo porque si se levanta es quien hará papilla al adversario.

Doña Severa seguramente no incursiona en las redes sociales, porque si lo hiciera, se daría cuenta de todo el embrollo que causó aquel detalle sucedido en su morada. Menos podría dormir estoy suponiendo. Eso en el caso de que no sea una dama de armas tomar, porque de ser de las que se ponen al tú por tú con cualquiera, ¡Uf!, estaría en su mero mole.

Los fans de ambos bandos se dieron vuelo en el socorrido y politizado “feisbuk”. Muchos se desgarraron las vestiduras, otros en cambio, valentones –saben que ese detalle a veces conlleva un suculento premio-, aprovecharon el momento para ponerse la camiseta y salir al quite sin importarle las blasfemias que se les vendrían encima.

Hay ocasiones en que el “feisbuk” se vuelve un chisme de lavanderas (con todo respeto para estas doñitas que se pulen el lomo día con día). Se convierte en un muro de los lamentos o, caso contrario, en muro de baño público en donde cualquiera puede escribirle una mentada de madre a equis “conocido” o escribir “fulanito de tal es p…”.

Si de pronto sale alguien que presumiendo ser muy conocedor del tema, aclara que no es delito si la dueña de la casa te da permiso para bajar el promocional que han colocado en su barda, de pronto, ¡sopas!, le caen en bola decenas de cristianos diciéndole que es un “pobre pen…, rata de igual que el otro”. Y así no se puede dialogar como es debido. Así es imposible entender a ciencia cierta quién tiene la razón del caso. A mentadas de maúser no se resuelve nada, sino se empeoran las cosas, dirían los enterados. Se vuelve una cena de negros en donde cada quién saca a relucir sus sentimientos y defiende a capa y espada a su ídolo del momento. Y cuando eso sucede, las personas cautas, cada vez menos, prefieren enrollar la cola y no meterse en camisa de once varas.

Por de pronto ya el “show” está dado. Ya ambos bandos han sacado a relucir lo mejor del arsenal con el que cuentan. Con arzón o sin razón, los moretones y chuchulucos proliferaron hasta entre gente que no tenía vela en el entierro.

Félix ya mandó su cartita aclaratoria, lo cual implica –San Caralampio es así-, la inevitable segunda parte de una batalla mediática en la cual, al final, ambos bandos presumirán de haber salido con la victoria a cuestas (aquí, en en el “feisbuquito” sancaralampeano, nadie pierde).

En fin. Este mundo cada vez está más loco, diría el distinguido sancaralampiño y jurisconsulto Bernardino Perera Ayala. Preparémonos para todo lo que viene.

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