Educación y situaciones de salud

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Visión Intercultural Francisco J. Rosado May fjrmay@hotmail.com

El 24 de agosto es el regreso a clases, nivel básico, pero a distancia. La televisión será el medio más importante para los millones de estudiantes. A nivel superior, en agosto también inician actividades a distancia.

Poco después, el 1 de octubre, entrará en vigor la modificación a la Norma Oficial Mexicana 051 sobre el etiquetado de alimentos y bebidas no alcohólicas. La idea es ofrecer datos adecuados sobre el contenido del producto de modo que quien decida consumirlo tome una decisión informada. Se espera que así puedan reducirse situaciones difíciles de salud como la diabetes, obesidad o cardiovasculares.

La relación entre obesidad y alimentos con productos que podrían inducir a esa condición se manifiesta también en la reciente decisión del Congreso Local de Oaxaca de prohibir la venta de refrescos y comida chatarra a menores de edad. Otros estados están haciendo la misma consideración.

La expectativa de la NOM 051 tiene dos premisas: quien consuma el producto sabe leer y, además, tiene la capacidad de entender, procesar y aplicar la información que lea. Es decir, que tomaría la decisión correcta de no ingerir productos que podrían reflejarse en un deterioro de su salud, ¿cuál será la probabilidad de éxito?

Estados Unidos, se presume, tiene un sistema educativo de mejor nivel que el nuestro. La U.S. Food and Drug Administration (FDA), entidad encargada de regular y vigilar el etiquetado de alimentos, y las organizaciones de consumidores han logrado un sistema de etiquetado de los mejores en el mundo. No obstante, Estados Unidos también tiene un alto porcentaje de población obesa; se considera que es el país con el porcentaje de población obesa más alta del mundo.

Con base en lo anterior, en Estados Unidos el nivel educativo aparentemente no tiene un impacto en la obesidad de las personas. En la revista “Economics and Human Biology”, mayo 2016, Young-Joo Kim publicó el efecto a largo plazo de la educación en la obesidad de los norteamericanos. Encontró que, por cada año adicional de estudio, se reduce el 0.15% del Índice de Masa Corporal. Aquellos que logran terminar sus estudios universitarios alcanzaron apenas una reducción del 0.7%. No se conoce un estudio semejante en México, pero sí se podrían hacer las siguientes preguntas asumiendo que la prohibición o una mejor etiqueta no son suficientes para reducir la obesidad u otras situaciones de salud provocadas por las sustancias contenidas en los productos donde aplica la NOM 051.

Con el sistema educativo a distancia que inicia en unos días, ¿se lograrán los niveles de calidad en el aprendizaje y en la toma informada de decisiones como en el caso de productos chatarra?

Sabiendo que diferentes grupos sociales tiene diferentes formas de aprendizaje y construcción de conocimiento, ¿Cómo lograr educación de calidad con un sistema que asume homogeneidad en el aprendizaje? Véase la página https://learningbyobservingandpitchingin.sites.ucsc.edu/ para el caso de los indígenas.

¿Cómo le harán las familias que apenas tienen una TV y varios hijos de diferentes grados en la escuela?

Es obvio que el reto es enorme, no se esperan milagros ni grandes resultados en corto plazo. La invitación es a no descuidar la calidad en la educación y a hacer las preguntas pertinentes para diseñar mejores políticas públicas. Sin calidad no se cumplirán las premisas que justifican la NOM 051; seguiremos siendo un país con grandes problemas, con enormes diferencias entre grupos sociales marcado por el acceso y la calidad educativa. Lo único que conservaremos sería el estatus de subdesarrollo, y eso no debe ser aceptado.