politica murta“Este cuento no es mío, pero quiero contarlo a mi modo”

Por Mario Castillo Rodríguez

La historia siempre nos habla de experiencias y lecciones que difícilmente podemos omitir, de aciertos –muy escasos por cierto-, que dejan muy buen sabor de boca y desaciertos que quedan grabados en la memoria de propios y extraños, sobretodo cuando estos nos afecta a muchos.

Hoy la historia de los capitalinos nos habla de titanes arrodillados, de guerreros abatidos y sometidos por el grupo en uso del poder; y la balanza nos obliga a contar la historia de políticos agachones, que han dejado que otros tomen las riendas de un corcel que ya no es suyo.

Hoy más que nunca Chetumal se encuentra en abandono y es nosotros en quienes cae la principal responsabilidad por quedarnos de brazos cruzados viendo como unos cuantos hacen botín del trabajo muchos, viendo como el vecino siembra y cosecha en una tierra que en su época dorada fue cuna de gigantescas figuras políticas que construyeron la historia de este Quintana Roo que hoy ve con tristeza la caída de su ciudad capital.

Una caída producto en primer término de autoridades rapaces e incompetentes, y que justifican la tranza con declaraciones culposas, pero que tras el sucio juego de su doble moral esconden su irresponsabilidad, su torpeza y su pírrica función.

Nombres hay muchos, desde los tiempos de Rosario Ortiz Yeladaqui hasta los actuales de Carlos Mario Villanueva Tenorio; todos los que han ocupado la silla de ese edifico llamado palacio municipal han contribuido a la debacle capitalina, unos con cuentas de más, muchos con cuentas de menos, pero todos transitando en la ruta de las omisiones, del incumplimiento y en la disyuntiva del dejar pasar para que sus allegados se sirvan con la gran cuchara de la voracidad y la rapiña.

Esa es la realidad que hoy nos toca vivir a quienes nacimos en esta maravillosa tierra y que vemos con gran tristeza como tan sólo en los últimos dos años se han cerrado más del 30 por ciento de los negocios y establecimientos generadores de empleos, dando pie al crecimiento del comercio informal y al incremento de una delincuencia que crece como la espuma al abrigo de la enorme descomposición social en la que estamos hundidos, al incremento de la pobreza.

Esta es una parte de la historia que a nadie gusta escuchar, pero es nuestra cruel realidad, es la realidad de una economía capitalina que sucumbió y que hoy yace muerta tan sólo gozando del recuerdo de aquel Othón P. Blanco que fue el centro de la economía del sureste, que fue el rey de la fayuca, que fue una industria arrocera y maderera como pocas y que hablo de productores de caña líderes en el país.

Todo se ha ido, hasta la arrogancia de esos que se dicen políticos sureños; con la partida del ex gobernador Mario Villanueva Madrid a la ciudad de las sombras, se fue el carácter, el ímpetu y los arrojos de la clase política capitalina.

La sociedad implora a gritos el despertar del sur, el regreso de los colosos que hoy moran en la quietud, en el silencio y sometidos. Con ellos, quizá otra sea la historia que nos tocará contar mañana.

Mientras les dedico (a los políticos del sur), un extracto del poema épico “La Raza de Bronce”:

Señor, deja que diga la gloria de tu raza, 
la gloria de los hombres de bronce, cuya maza 
melló de tantos yelmos y escudos la osadía: 
!oh caballeros tigres!, oh caballeros leones!, 
!oh! caballeros águilas!, os traigo mis canciones; 
!oh enorme raza muerta!, te traigo mi elegía.

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