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Nicolas Lizama

Que alguien nos ayude

delincuenciaNicolás Lizama
La delincuencia nos está ganando la batalla. Nos arrincona poco a poco sin que las corporaciones policíacas puedan evitarlo.
En ese sentido nos está llevando la tiznada a todos.
Todos nos encontramos en riesgo de que se nos plante un delincuente y si bien nos va, se lleve todo lo valioso que tengamos encima. El quid del asunto es que ahora no se tientan el corazón para segarnos la existencia.
Sabedores de que nunca darán con su paradero, no tienen ningún empacho en meternos un balazo o partirnos el corazón en dos de una certera puñalada.
Los malhechores de ahora son otra cosa en comparación con los del pasado. Aquellos tenían por cómplice la noche. Eran nocturnos solamente. Los de ahora no tienen horario fijo. Les da lo mismo «laborar» de día o en la noche. De todos modos obtienen buenos dividendos.
Los rateros de antes se llevaban hasta tus calzones sin embargo te respetaban la vida. Y eso ya era ganancia a todas luces.
Los de ahora, aparte de la noche, también se encargaron de requisarnos la claridad del día.
Y con ello se llevaron la poca tranquilidad de la que disponíamos.
Hoy ni de relajo se nos ocurriría salir a caminar tranquilamente como antes cuando ya se ha extinguido la luz del día. Solo a un irresponsable se le ocurriría arriesgar su vida saliendo a pie de calcetín a altas horas de la noche.
Y es tan grave el asunto que tiemblas igual de aterrorizado cuando el que de pronto se te aparece es un policía.
A como están las cosas ya no sabes si viene a auxiliarte o a terminar de partirte el alma, igual o peor que un delincuente.
Luego entonces lo mejor es no andarle tentando la cola al diablo. Más vale, si no tienes nada que hacer en la calle, permanecer escondido debajo de la cama.
Y es que es tan deprimente la situación, que ya ni en tu casa estás seguro. Hasta allí llegan los delincuentes para victimarte.
?Las autoridades policíacas?, bien, gracias. En el colmo de los colmos, hasta a ellos les saquean sus valiosas pertenencias.
Luego entonces no nos queda de otra más que defendernos. No nos queda de otra más que estar listos para que al estilo de la prehistoria, al estilo Trucutú, defendamos nuestras propiedades.

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