A Un Lado Hipocresías

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Nicolás Lizama

Ya vienen los días calientes, los tiempos de dejar de nadar de a muertito y definirse sobre a cuál “gallo” irle; los m…drazos ya están a la vuelta de la esquina.

El actual sexenio, ya huele a muerto.

Ya están encima los instantes de decidir en cuál barco encaramarse y evitar que te chupe la bruja y te quedes en el limbo.

Está llegando la hora de apostar sin dobleces, con la chicharra de la alarma taladrando el interior del cerebro y advirtiendo: “Piénsale bien y atinale al bueno o te lleva la ‘tiznada”.

Los que se sienten con ínfulas de ser los próximos “cacas grandes”, cuyos chicharrones sean los únicos que truenen en el próximo sexenio, ya andan conformando sus respectivos batallones.

Varios quedarán en el camino. 

Uno, será el ungido. 

Los demás, si no pactaron, quedarán como simples alborotadores y verán la fiesta nomás de lejos.

Hay los que, muy audaces, solo están de relleno.

Están también los fantoches, los que solo gritan y arman bulla para llamar la atención y hay dos o tres que tres, que, de veras, picando piedra, pueden conseguir el objetivo.

Estos son los tiempos exactos para que los suspirantes ubiquen a los “generales”, a los personajes a quienes corresponderá una pizcacha de ese poder inmenso que suelen concentrar los gobernantes. Los cristianos que tejerán fino y también los que, por el contrario, harán el trabajo sucio para que el patrón no se embarre las manos con el excremento.

El chiste para esta gente, será atinarle al vagón de los ganadores.

Hay sus riesgos. 

Si no le aciertan, el ostracismo es lo que les quedará más a mano.

He conocido a verdaderos garbanzos de a libra y también a rufianes, que, afortunados, supieron encaramarse en el vagón indicado y, apapachados por el patrón, vivieron muy felices un sexenio.

Todo es cuestión de definirse a tiempo, de ubicar a qué lado irse. El dinero, los contactos en las altas esferas y la suerte, harán el resto.

Los villegas, los peches, los alegres, más los que aún, miedosillos, no se atreven y asoman las narices, ya están seleccionando a su gente de confianza, a los que pondrán el pecho en la primera línea de batalla.

Se aproxima la hora de tomar al toro por los cuernos.

De todos los que andan movidos con muy evidentes intenciones, el único que ha soltado de su ronco pecho el formal “yo quiero”, ha sido el senador José Luis Pech. 

Los demás, le andan tentando el agua a los camotes.