ovandoPor Mario Castillo Rodríguez
En un escenario donde la educación de los quintanarroenses ha quedado en segundo término para las autoridades educativas, la Balanza nos obliga a mencionar que el actual titular de la Secretaría de educación y cultura de Quintana Roo, José Alberto Alonso Ovando, anda perdido por los pasillos de su propio oscurantismo.

En los últimos meses la educación, siendo uno de los temas torales de la actual administración, ha sufrido serios impactos ante la inoperancia de personajes como Sara Latife Ruiz Chávez y José Alberto Alonso Ovando. Y si bien la primera al menos tuvo el arrojo de iniciar su corta carrera en la entonces SEQ remodelando oficinas, actualizando guarda ropa y enfrentándose con el personal administrativo; el actual inquilino del edifico ubicado en Av. Insurgentes con Javier Rojo Gómez, no ha dado siquiera muestras de existencia, mucho menos ha fijado una postura –al menos no en la práctica-, para determinar cuáles serán las directrices a seguir en pro de mejores niveles de educación.

Alonso Ovando, a quien se le conoce también como “diputado desertor”, entró en sustitución de Ruiz Chávez para enmendar los errores de la diva, y lamentable ha sido su actuación pues ni siquiera ha identificado la problemática existente al interior de la SEyC. Desconoce el cómo o por donde entrarle para destrabar las rispideces con los diferentes sindicatos de maestros y carece de un panorama claro que le permita ver la situación en la que se encuentran los planteles educativos de Quintana Roo. Sobraría hablar de su discapacidad para establecer diálogo con los docentes.

Tan sólo por mencionar un ejemplo, el pasado Censo Educativo en México arrojó cifras (oficiales y fehacientes) que hablan de escuelas en situación precaria en Quintana Roo, especialmente en las zonas rurales de la Entidad, y la SEyC no ha determinado e informado cuáles serán las líneas de acción para abatir este mal que afecta a la educación de la Entidad.

De acuerdo a las estadísticas que dieron a conocer el INEGI y SEP, en 37 escuelas del Estado el agua tiene que acarrear desde puntos lejanos para que se cuente con el vital líquido, 172 no cuentan con energía eléctrica y varias de ellas están construidas de material de desecho, madera o lámina; incluso varias de ellas tiene tierra o material removible como piso.

De igual manera, más del 30 por ciento de los centros educativos no tiene pizarrón o silla para maestros o escritorio; el 15 por ciento aún tiene letrina u hoyo negro, y el 1.3 por ciento (28 escuelas), están construidas con material ligero o precario. El 47.8 por ciento de las escuelas en el Estado fueron autorizadas para construir en su momento sin drenaje.

Y lo más deprimente, que en pleno siglo XXI donde la tecnología ha alcanzado grandes auges, el 47 por ciento de los planteles educativos no tiene internet; el 9.9 por ciento tiene equipos de cómputo que no sirve, y un 20.9 por ciento carecen de computadora.

Sin duda este es un gran reto para el personaje que cobra (faltará ver que trabaje) como Secretario de Educación y Cultura en Quintana Roo. Esperemos –en el tiempo que le resta-, no defraude la encomienda y la confianza depositada en él por el gobernador Roberto Borge Angulo.

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