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¿Quién podrá rescatarnos?

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Victoriano Robles Cruz

En nuestra región peninsular, casi es costumbre dominical, por la mañana, ir por la cochinita pibil, para el desayuno. La carne de cerdo preparada con el afamado achiote y naranja agría como elementos básicos; un sabor inigualable proporciona el horneado bajo tierra, la tradicional es enterrada desde la tarde del sábado para extraerla el domingo por la mañanita, casi de madrugada. Ya sea servida con el acostumbrado bolillo, pan francés o la tradicional tortilla de mano, sin olvidar su chilito molido y la cebolla remojada en naranja agria. ¡Se nos agua la boca!

Este domingo fuimos al lugar, que con cierta frecuencia asistimos, son muchos años de la familia preparando la riquísima cochinita pibil, aquí en Chetumal; llegamos mucho antes de las ocho de la mañana, quizá pasaditas las siete am. Sorpresa nos causó la inasistencia de personas, de comensales, tan sólo la pareja de propietarios sentaditos en la cercanía del puesto, fuera de su domicilio, cuando en otros años estilábamos hacer cola para adquirir el producto, ya sea para el domicilio o bien para comer en el lugar.

Si nos preguntáramos si las tradiciones alimentarias cambian pudiera ser cierto, si dijéramos: la oferta supera a la demanda también pudiera ser acertado, pero el crecimiento poblacional de Chetumal es ascendente, ya no en la proporción de hace cinco años, pero sin decremento; una expectativa prevista entre los analistas económicos y atrevidos profesionales para dentro de otros cinco años, por sí la tendencia económica de la capital de Quintana Roo prosigue como hasta ahora, será el decremento poblacional.

Preguntamos a los propietarios del negocio de la cochinita, del porqué de la ausencia de clientes y su respuesta fue muy cruel: “las cosas están muy mal, no hay empleo, no hay circulante en la ciudad, los chetumaleños no tienen dinero para el consumo de la cochinita y quienes nos gobiernan odian a Chetumal y a los chetumaleños, ¡dígame si estamos equivocados?”, nos preguntaba, en ese instante, la pareja de vendedores de cochinita, dos adultos mayores, mirando en nuestros ojos y rostro la respuesta corporal antes de brotar el ruido nuestras voces.

Es triste ver estas imágenes, escuchar estas sencillas quejas, y por su sencillez cargadas de tremenda honestidad, esta realidad duele; más triste es ponernos a querer trasmitirlas con el mismo sabor que uno las recibió, se percibe el dolor, el entusiasmo apagado; aquellos días de exitosas ventas han pasado a la historia, y las posibilidades del cambio no se vislumbran en un tiempo cercano ni en el largo plazo. ¿Qué será del futuro de la economía de Chetumal? ¿Quién podrá verter alguna respuesta tranquilizadora?

Nuestra observación ganó a la señora, quien nos atendía, ya no vimos la lata del tamaño regular, el acostumbrado recipiente, ahora era más pequeña. Nos señalaba con su dedo índice: “Vea -nos decía en un tono casi de queja- ahora trajimos menor cantidad, verá que la lata ya no es igual, pues se nos queda, es una lástima el desperdicio de tanta carne, luego a repartirla entre la familia”. Ellos mismos se cuestionan: ¿No sabemos qué será de nosotros en breve si las cosas siguen así?

¿Cómo hacerle para que los grandes apoyos vertidos en la mal llamada zona norte lleguen a aterrizar en la capital de Quintana Roo? Podemos entender y hasta comprender el abandono de la federación, pero no habrá alguna autoridad política o administrativa nuestra (quintanarroense) que envié señales de como sucumbe Chetumal. ¿Qué nos falta a los chetumaleños para ser oídos?, ¿cómo debemos expresarnos? ¿Hasta cuando tocaremos fondo? ¿Mientras quién viene a rescatarnos? El desempleo también suma estragos sociales. Desde luego algo debe y tiene que cambiar para que las cosas mejoren para los chetumaleños. ¡Las oraciones ya vimos, no bastan! El silencio y la obediencia sólo a unos cuantos benefician.

Seguiremos siendo receptores de mentiritas, ¿será el costo de la obediencia? Similar sufrimiento económico tienen en la llamada Free Zone, en los límites de Quintana Roo y Belice. Por otro lado, si usted consulta la geografía quintanarroense en portales del gobierno mexicano es muy clarito el despojo ya realizado con la supuesta zona en litigio con Campeche, allí aparece 44,705 km2 de los 50, 843 km2 atribuidos desde su conformación en 1902 y ratificados en 1974 con la creación del Estado Libre y Soberano de Quintana Roo. Y entre mayor número de días pasan, son menores las probabilidades de rescatar esa franja; además, quienes realizan ciertas tareas en el litigio de inconstitucionalidad, no le ven algún éxito ni en el corto ni en el largo plazo, nos advierten: los poderes están en contra de Quintana Roo. ¿Por qué no nos lo dicen?

PD.- Los políticos totalitarios exigen obediencia y conformidad en todas las esferas de la vida, incluso, por supuesto, la religiosa. Su propósito es utilizar la religión como instrumento de consolidación social, como una contribución a la mayor eficiencia militar del país. Aldous Huxley (1894-1963) escritor británico.

viborianus@gmail.com   Twitter:@viborianus   www.viborianus.com

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