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Política

Nueva Alianza sembró vientos y cosecha tempestades

 

PanalPor Mario Castillo Rodríguez

Ya que las aguas prácticamente regresan a la normalidad, y que conllevan al proceso de análisis dentro de los diferentes partidos político, es inevitable señalar que si por algún momento Nueva Alianza pensó que tenía el sartén por el mango y rebosando con miles de votos de los maestros para erigirse –después del PRI- como segunda fuerza política de Quintana Roo, los resultados del pasado domingo 5 de junio y el cómputo final de la elección dieron tremenda enseñanza al partido y su dirigente, Martha Chan, al no cumplir siquiera con el 3 por ciento de la votación para conservar su registro a nivel local.

El voto de castigo de los trabajadores de la educación fue el factor clave para sucumbir los cimientos de este instituto político que sembró vientos y cosechó tempestades, ya que su aval hacia las reformas promovidas por el presidente Enrique Peña Nieto, quedó grabado en la memoria de los maestros que gustosos acudieron a las urnas a cobrarse la llamada “factura de la traición”.

La victoria de sus candidatos fue el pago de una desgracia política que les dará complacencias en los municipios de Bacalar y Lázaro Cárdena; así como en una curul de la XV Legislatura durante los próximos 2 años, pero será muy ambicioso que aspiren a algo similar en el siguiente proceso electoral local intermedio del 2018.

El magisterio dio la espalda al partido Turquesa, pero también a su dirigente estatal Martha Chan por asumir posturas distantes a los intereses de los trabajadores de la educación, pues los vicios al interior del PANAL también jugaron un papel protagónico el rechazo generalizado que hoy los tiene de rodillas y con un futuro poco prometedor.

El partido que hoy vemos es algo muy diferente a lo que se registró el pasado 17 de febrero en aquella sala de negociaciones montada en el Fiesta In de Chetumal, donde Martha Chan acompañada de su equipo de mercaderes partidistas, por largas y agonizantes 8 horas pusieron contra la pared a un Raymundo King de la Rosa –dirigente del PRI en Quintana Roo-, quien no tuvo más remedio que ceder las candidaturas de los municipios antes mencionados y la del Distrito XIII con cabecera en Bacalar.

Fue un día histórico para este partido, tan histórico como su fracaso en las urnas que dejaron en evidencia no sólo las tremendas grietas en su interior, sino el desprecio de quienes pensó le catapultarían a las altas esferas de la política quintanarroense gracias a una coalición que si bien gano en la mayoría de los ayuntamientos, perdió catastróficamente la llave del imperio en el estado de Quintana Roo.

No era el mejor momento para hacer ese tipo de coaliciones, quizá no con el partido institucional, y eso quedó claro para quienes mueven los hilos de Nueva Alianza, pues aunque el hubiera no existe hubiese al menos podido conservar su registro de haberse vendido con el otro postor que,

cantaba muy sonoramente al oído de Chan y camarilla aquel día de las negociaciones a tambor batiente.

“Siembra vientos y cosecharás tempestades”, menta uno de tantos dichos de la extinta abuela, el mismo que encaja en la complicada situación que hoy embarga a Nueva Alianza. Generar conciencia sobre cuál es su verdadero objetivo, acercarse a los diferentes sectores de la sociedad y propiciar mayor apertura, pudiera ser la apuesta a su renacimiento, “pero eso y la cara de Dios, difícilmente lo veremos”.

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