El sitio de disposición final operaría alrededor del 85% de su capacidad, mientras el municipio arrastra un conflicto por una concesión otorgada en 2010 para un proyecto de tratamiento de residuos que no se concretó.
Por Victoria Castro Chávez
CHETUMAL, Quintana Roo.— Chetumal enfrenta una creciente presión por el manejo de sus residuos sólidos. Más de 128 mil toneladas de basura ingresan anualmente al sitio de disposición final de la capital, mientras el espacio disponible se reduce y obliga a mantener trabajos constantes con maquinaria pesada para prolongar su operación.
De acuerdo con los datos proporcionados de la Dirección General de Servicios Públicos de Othón P. Blanco, el volumen de residuos mantiene una trayectoria ascendente pese a que las cifras censales muestran una reducción de la población de la capital durante la última década censal.
El incremento en embalajes, envases y plásticos de un solo uso, aunado a la falta de un esquema generalizado de separación de residuos desde los hogares, aumenta la cantidad de materiales que terminan directamente en el basurero.
La situación representa no solamente un problema de recolección. También plantea un desafío ambiental y sanitario sobre qué hacer con miles de toneladas de residuos que cada año son depositadas en un espacio cuya capacidad es limitada.
Basurero estaría al 85% de su capacidad
El sitio utilizado para la disposición de los residuos de Chetumal se encuentra en las inmediaciones del ejido Calderitas y comprende un predio de aproximadamente 60 hectáreas.
Según la información proporcionada, actualmente opera aproximadamente al 85 por ciento de su capacidad.
Para evitar que alcance su límite en el corto plazo, se realizan maniobras con maquinaria pesada para compactar los residuos y administrar las diferentes capas del sitio.
Sin embargo, estas acciones permiten ganar espacio, pero no resuelven el problema de fondo: Chetumal continúa generando basura todos los días y necesita una alternativa de largo plazo para su tratamiento y disposición final.
Si se toman como referencia las 128 mil toneladas anuales señaladas, el promedio supera las 350 toneladas de residuos por día.
Una solución prometida desde 2010
El problema actual arrastra además un antecedente de más de una década.
En 2010, el Ayuntamiento de Othón P. Blanco otorgó una concesión por 30 años a Intrasiso S.A. de C.V., relacionada con un proyecto para el tratamiento y procesamiento de los residuos sólidos.
El planteamiento incluía infraestructura para aprovechar los desechos y generar energía, lo que pretendía modificar el modelo tradicional de simplemente recolectar y depositar la basura.
Sin embargo, de acuerdo con la información proporcionada, la infraestructura comprometida no se materializó en los términos previstos y el proyecto quedó envuelto en incumplimientos y controversias.
El Cabildo de Othón P. Blanco inició posteriormente un procedimiento para buscar la revocación definitiva de la concesión.
Chetumal necesita algo más que compactar basura
La situación jurídica del predio y de la concesión representa solamente una parte del problema.
Aun cuando el conflicto sea resuelto, la capital requiere avanzar hacia un esquema que reduzca la cantidad de residuos que diariamente llegan al sitio de disposición final.
Separación desde los hogares, reciclaje, aprovechamiento de materiales y tratamiento de residuos aparecen como alternativas necesarias para disminuir la presión sobre el basurero.
El desafío adquiere mayor dimensión porque el crecimiento de los residuos no necesariamente sigue el mismo comportamiento que la población. Los hábitos de consumo y la cantidad de empaques y materiales desechables pueden provocar que se genere más basura incluso sin un incremento equivalente en el número de habitantes.
Con más de 128 mil toneladas anuales y un sitio que, según los datos proporcionados, habría alcanzado alrededor del 85 por ciento de su capacidad, Chetumal enfrenta una cuenta regresiva.
Después de más de una década sin concretar una solución integral, seguir compactando y acumulando residuos puede extender la operación del basurero, pero no sustituye la necesidad de definir qué hará la capital con su basura cuando el espacio disponible finalmente se agote.






















