Chetumal.-En política toda aspiración es válida, pero hay cosas que no encajan cuando se tiene por objetivo hacerse rico a cambio del poder, ni mucho menos llegar a los altos cargos arrastrando un negro historial; ese que enfrenta con todos, que no cae bien a nadie, y que deshonra los principios que rigen a toda persona.
Tal es el caso de la licenciada Verónica Gloria Casio Trujillo, quien fue elegida como magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Quintana Roo por los diputados de la XV Legislatura el pasado noviembre de 2016 por un periodo de seis años, y que concluirá el 16 de noviembre de 2022.
Y es que a poco más de ocho meses de su arribo a la Magistratura del Estado, Acasio Trujillo se ha ganado el desprecio del personal del Poder Judicial, que en su mayoría le señala por arrastrar un negativo historial, y el cual es su única carta para aspirar al relevo de la Presidencia del TSJ que tendrá lugar el próximo 8 de agosto.
Es del dominio público que la “armonía y la generosidad” son términos que desconoce la citada Magistrada, y durante su corta estancia en el cargo, la palabra “equipo” tampoco ha sido parte del “dechado” que lleva bajo el brazo para sumar fuerzas en la búsqueda de consolidar sus aspiraciones.
La altanería, la soberbia y la prepotencia, son más bien los atributos que caracterizan a Verónica Acasio, mismos que ha tenido por bandera para generar un marcado divisionismo en su contra, y que pretende hacer extensivo entre sus homólogos en aras de tomar la estafeta del también despreciado Fidel Villanueva Rivero.
Empero, aparte del rechazo generalizado, el tráfico de influencias del cual ha hecho uso es otro de los factores que en nada abonan a su causa, y una denuncia en su contra por hechos posiblemente constitutivos de delito y tráfico de influencias en prejuicio de un empresario, es parte también del oscuro historial que acompaña su incipiente carrera.
La denuncia pública de un abogado por la intervención de la Magistrada Acasio en el caso del empresario Diego Gutiérrez Marcos, a quien alevosamente ordena se le fijara una fianza de 41 millones de pesos por presunta falsificación de documentos, dejó en evidencia parte de su oscuro proceder en materia de impartición de justicia.
La acusación fue prácticamente por litigar a través del abogado Marco Larroza, cuando por ley está imposibilitada y más aún cuando su postura debe ser “imparcial, observando en todo momento el mejor derecho para las partes, y resolviendo de manera justa y razonada”; tal y como le encomendaron las y los diputados al momento que le fue conferido el cargo que hoy –tristemente- ostenta como Magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Quintana Roo.
Esto, y otros atributos a los que haremos alusión en futuras entregas, son parte del currículo que acompañan a Verónica Acasio en sus aspiraciones de relevar a Fidel Villanueva de la Presidencia del TSJ.
Factores que sin duda exponen a una persona poco rentable a los intereses de la sociedad quintanarroense, y poco redituable en aras de obtener resultados como una Entidad Federativa “que se distinga por la imparcialidad, honradez, profesionalismo y excelencia en la impartición de justicia”.





















