Participantes cuestionan la organización del encuentro y aseguran que, lejos de funcionar como un verdadero espacio de deliberación del pueblo maya, predominó un formato de exposiciones en el que los dignatarios tuvieron pocas oportunidades de intervenir. También critican la inclusión de expresiones culturales que consideran ajenas a la tradición maya de Quintana Roo.
CHETUMAL, Quintana Roo.— Fuertes cuestionamientos surgieron en torno a la realización del VII Congreso Maya, luego de que participantes acusaran que el encuentro terminó convertido en una sucesión de conferencias y actos protocolarios, sin generar un verdadero espacio para escuchar y discutir los planteamientos de los dignatarios mayas.
Las críticas apuntan directamente al formato del evento. De acuerdo con los señalamientos, quienes acudieron esperando participar en un Congreso en el que las comunidades pudieran expresar sus posiciones encontraron, en cambio, una agenda dominada por exposiciones.
“Fue una serie de conferencias para aturdir a los dignatarios mayas. No se permitió hablar”, cuestionaron participantes inconformes con la organización.
El reclamo abre una interrogante sobre el propósito mismo del encuentro: ¿puede denominarse Congreso Maya a una reunión en la que los propios representantes del pueblo maya no cuentan con espacios suficientes para deliberar y fijar posiciones?
Cuestionan actuación del INMAYA
Las inconformidades alcanzaron también al titular del Instituto para el Desarrollo del Pueblo Maya y las Comunidades Indígenas del Estado de Quintana Roo (INMAYA), Enrique Chuc Cen.
Los críticos consideran que el desarrollo del VII Congreso representa un golpe político para el funcionario, al señalar que la organización no habría conseguido colocar a los dignatarios y representantes comunitarios en el centro de las discusiones.
Incluso sostienen que el encuentro podría convertirse en “la tumba de las aspiraciones políticas” de Chuc Cen, una valoración de carácter político realizada por los inconformes y no un hecho acreditado.
El cuestionamiento central es que una institución creada para atender a los pueblos y comunidades mayas debería garantizar que sean precisamente sus representantes quienes tengan una participación sustantiva en un evento presentado como Congreso Maya.
Acusan una “xcaretización” del encuentro
Otro de los señalamientos se dirige hacia la parte cultural del evento y la participación del municipio de Playa del Carmen.
Los inconformes calificaron el cierre como una “xcaretización” de la cultura maya, al cuestionar la incorporación de los danzantes del Portal Maya, al considerar que su representación no corresponde a las expresiones tradicionales de las comunidades mayas de Quintana Roo.
Para los críticos, el resultado fue una mezcla de elementos culturales que calificaron como “azteca-maya”, en lugar de privilegiar manifestaciones propias de la región.
Y colocaron sobre la mesa una ausencia que consideran particularmente significativa:
¿Dónde estuvo el Maya Pax?
El Maya Pax constituye una expresión musical de profundo significado ceremonial para comunidades mayas de Quintana Roo y, desde la perspectiva de quienes cuestionan el Congreso, debió ocupar un lugar central dentro de un encuentro dedicado precisamente a este pueblo.
La crítica no se limita, por tanto, a qué espectáculo fue presentado, sino a quién decide cómo debe representarse públicamente la cultura maya.
“Esta tierra es maya”
Los cuestionamientos al VII Congreso reflejan una discusión más profunda sobre la participación de las comunidades indígenas en las decisiones institucionales relacionadas con su cultura, territorio e identidad.
Para los inconformes, un Congreso Maya no debería limitarse a reunir dignatarios para escuchar discursos o conferencias, sino permitirles hablar, debatir, presentar acuerdos y definir posiciones propias.
El reclamo quedó sintetizado en una frase:
“Esta tierra es maya y su futuro pertenece al pueblo maya”.
Y concluye con una expresión que reivindica su permanencia e identidad:
Kuxa’ano’on: estamos vivos.






















