Telescopios y binoculares permitirán observar el fenómeno mientras antiguas creencias de la Zona Maya, como hacer ruido para “proteger” a la Luna o colocar listones rojos a mujeres embarazadas, mantienen viva la memoria cultural.
QUINTANA ROO.— El próximo eclipse lunar no solamente será una oportunidad para observar uno de los fenómenos astronómicos que mayor curiosidad despiertan entre la población. En comunidades de la Zona Maya de Quintana Roo también permitirá reencontrarse con antiguas creencias que han sobrevivido durante generaciones, entre ellas la historia de la Chibaluna.
Mientras la astronomía permite explicar con precisión el movimiento de la Tierra, la Luna y el Sol, en algunas familias todavía permanece la interpretación tradicional de que durante un eclipse algo amenaza o intenta “comerse” a la Luna.
Jesús Dailan Hernández Díaz, integrante de Miatzil Maya Astroturismo, explicó que durante la jornada de observación se instalarán telescopios y binoculares en el parque central para que las familias puedan seguir el fenómeno y conocer científicamente qué sucede cuando la Luna cambia de apariencia y tonalidad.
La actividad tendrá un componente especial de divulgación dirigido a niñas y niños, mediante explicaciones adaptadas a diferentes edades para acercarlos a la astronomía y despertar su interés por los fenómenos que ocurren en el cielo.
Pero la jornada también pretende mantener presente la memoria cultural de las comunidades.
La Chibaluna aún vive en las comunidades
Una de las creencias que permanece asociada con los eclipses es precisamente la Chibaluna, expresión utilizada para referirse a la idea tradicional de que algo está devorando o dañando a la Luna durante el fenómeno.
Frente a esa amenaza imaginada desde tiempos antiguos, algunas familias acostumbraban producir fuertes ruidos con la intención de espantar aquello que estaba atacando al astro.
La tradición no ha desaparecido completamente.
Hernández Díaz explicó que todavía existen personas que hacen ruido durante los eclipses, mientras que en algunas comunidades también persiste la costumbre de colocar un listón rojo a las mujeres embarazadas como medida tradicional de protección.
Estas prácticas contrastan con la explicación científica que las nuevas generaciones recibirán frente a los telescopios, pero para los promotores de la actividad ambos elementos pueden convivir.
La intención no es sustituir la tradición por la ciencia ni presentar las antiguas creencias como explicaciones científicas, sino permitir que niñas, niños y adultos conozcan las causas reales de un eclipse y simultáneamente comprendan cómo sus antepasados interpretaron durante siglos los acontecimientos del cielo.
Del relato de los abuelos al telescopio
El encuentro representa también una transformación en la manera de transmitir conocimientos.
Historias que anteriormente pasaban de abuelos y padres a hijos mediante la tradición oral ahora pueden ser escuchadas mientras, a pocos metros, un telescopio permite observar directamente el fenómeno que dio origen a esas creencias.
Para Hernández Díaz, estas expresiones forman parte de la memoria cultural de la región y su conservación no resulta incompatible con la divulgación del conocimiento astronómico.
Las experiencias realizadas por Miatzil Maya Astroturismo muestran además un creciente interés por observar el cielo. Sus jornadas han logrado congregar entre 50 y 100 personas, principalmente familias interesadas en utilizar telescopios y conocer más sobre los fenómenos astronómicos.
La respuesta abre también una posibilidad para el astroturismo en la Zona Maya, donde la observación del cielo puede vincularse con la historia, la lengua, las tradiciones y las formas mediante las cuales las comunidades han interpretado su entorno durante generaciones.
Así, cuando la Luna vuelva a oscurecerse, habrá quienes entiendan exactamente el fenómeno astronómico que estarán observando y quienes recuerden las historias escuchadas desde pequeños.
Entre telescopios, binoculares, relatos mayas y el antiguo ruido para espantar a aquello que pretendía devorar a la Luna, la Chibaluna volverá a aparecer, esta vez no como explicación científica del eclipse, sino como una tradición que se resiste a desaparecer.






















