Habitantes denuncian interrupciones del suministro eléctrico que pueden prolongarse hasta tres días; familias pierden alimentos y comerciantes deben gastar en gasolina para mantener generadores mientras cuestionan aumentos en sus recibos
JOSÉ MARÍA MORELOS, Quintana Roo.— Mientras los recibos de energía eléctrica llegan puntualmente, habitantes de la comunidad de La Esperanza enfrentan apagones que pueden prolongarse durante dos y hasta tres días, provocando pérdidas de alimentos, afectaciones a comercios y gastos adicionales para mantener funcionando equipos indispensables.
El delegado de la comunidad, Eliazar Ángel Canté Can, denunció que las fallas en el suministro eléctrico se han convertido en un problema recurrente y que, pese a la intervención de brigadas para restablecer el servicio, hasta ahora no se ha encontrado una solución permanente.
Como ejemplo, señaló que durante la semana pasada La Esperanza permaneció sin electricidad desde el sábado hasta la tarde del lunes.
“Siempre ha habido los mismos problemas. Nos quedamos a veces dos días, tres días sin luz”, manifestó.
Para los habitantes, las consecuencias no se limitan a permanecer sin iluminación. Las interrupciones prolongadas afectan refrigeradores y otros equipos, provocando que alimentos almacenados en los hogares terminen echándose a perder.
Los pequeños comercios enfrentan un problema adicional. Para evitar pérdidas mayores, algunos propietarios recurren a plantas generadoras de electricidad, lo que implica no solamente adquirir los equipos, sino mantenerlos funcionando mediante la compra constante de combustible.
Apagones, pero recibos más altos
A las fallas del suministro se suma la inconformidad por los cobros de electricidad.
Canté Can relató que en un bimestre pagó 213 pesos y posteriormente recibió un recibo por 313 pesos, pese a que asegura mantener prácticamente la misma cantidad de aparatos eléctricos en su vivienda y haber permanecido varios días sin servicio.
El incremento entre ambas cantidades es de 100 pesos, equivalente a aproximadamente 46.9% respecto del recibo anterior.
“Cuando hay días que no tienen corriente y no aumenta el número de aparatos”, cuestionó el representante comunitario al pedir mayor claridad sobre la manera en que se determina el consumo facturado.
La inconformidad radica también en que los usuarios no observan que las interrupciones prolongadas del suministro tengan un efecto proporcionalmente visible en sus recibos.
Exigen una solución permanente
El delegado pidió que la atención de las fallas deje de limitarse a la llegada de brigadas una vez que el problema ya mantiene afectada a la población durante horas o días.
Reconoció que pueden presentarse desperfectos en la infraestructura eléctrica, pero consideró indispensable contar con capacidad de respuesta suficiente para impedir que las interrupciones se prolonguen.
“Realmente tomen cartas en el asunto. No podemos decir que no haya ninguna falla, pero que la atiendan de manera inmediata”, demandó.
Para los habitantes de La Esperanza, el problema ya no consiste únicamente en la frecuencia de los apagones, sino en el costo económico que terminan absorbiendo las propias familias y comerciantes mediante alimentos perdidos, combustible para generadores y recibos que continúan llegando pese a las interrupciones.
La situación deja así una pregunta entre los usuarios de la comunidad: si durante varios días no reciben electricidad, ¿cómo se refleja ese periodo sin servicio en lo que finalmente terminan pagando?






















