El primer censo estatal identificó 115 parteras tradicionales, mientras otros registros hablan de hasta 218; la nueva normatividad federal reconoce sus saberes, pero la falta de un padrón homologado y de relevo generacional amenaza la continuidad de una práctica ancestral
Por Victoria Castro Chávez
CHETUMAL, Quintana Roo.— La partería tradicional en Quintana Roo atraviesa un momento contradictorio: mientras por primera vez cuenta con mayor reconocimiento institucional y un marco normativo que obliga al sector salud a establecer mecanismos de vinculación con quienes la ejercen, persisten problemas básicos como saber cuántas parteras existen realmente en el estado y quiénes continuarán practicando este conocimiento en las próximas décadas.
El primer Censo Estatal de Parteras Tradicionales, concluido en diciembre de 2025 por la Secretaría de las Mujeres (SEMUJERES), identificó 115 parteras en Quintana Roo.
El ejercicio representó un avance porque permitió comenzar a ubicar quiénes realizan esta actividad, dónde se encuentran y cuáles son las condiciones y necesidades bajo las que trabajan.
Sin embargo, otros registros institucionales presentan cifras diferentes.
El Instituto para el Desarrollo del Pueblo Maya y las Comunidades Indígenas (INMAYA) ha manejado otro universo, mientras información difundida en julio de 2026 señala la existencia de 218 parteras y parteros tradicionales en Quintana Roo.
La diferencia es considerable: entre los 115 identificados por el censo de SEMUJERES y los 218 señalados posteriormente existe una brecha de 103 personas, casi el doble.
Más que una simple diferencia estadística, los datos exhiben uno de los problemas que históricamente ha acompañado a esta actividad: la ausencia de un padrón único y homologado que permita conocer con precisión quiénes ejercen la partería tradicional en Quintana Roo.
De la invisibilidad al reconocimiento
El panorama comenzó a transformarse con la NOM-020-SSA-2025, que establece disposiciones relacionadas con la atención integral materna y neonatal y reconoce la participación de la partería.
Uno de los cambios relevantes consiste en establecer mecanismos institucionales para reconocer a quienes ejercen la partería tradicional y facilitar su vinculación con los servicios relacionados con la salud materna y neonatal.
La norma plantea además que esa relación debe desarrollarse con pertinencia cultural, reconociendo conocimientos y prácticas tradicionales y promoviendo un intercambio respetuoso con el sistema institucional de salud.
Esto resulta particularmente relevante en comunidades rurales e indígenas, donde las parteras han acompañado durante generaciones a las mujeres antes, durante y después del nacimiento de sus hijos.
La normatividad también establece una diferencia importante en la manera de entender su participación: las personas que ejercen la partería tradicional no deben reducirse simplemente a la condición de personal voluntario de los establecimientos de salud.
El reconocimiento representa un cambio sustancial respecto de décadas durante las cuales estos conocimientos permanecieron prácticamente al margen de la estructura institucional.
Mucho más que atender un parto
En las comunidades mayas de Quintana Roo, la función de las parteras rebasa la atención del nacimiento.
Sus conocimientos han sido transmitidos entre generaciones y forman parte de prácticas comunitarias relacionadas con el embarazo, parto y puerperio.
Además, pueden funcionar como un vínculo entre mujeres de comunidades alejadas y los servicios institucionales de salud.
Esta función cobra importancia ante las propias barreras geográficas, económicas, lingüísticas y socioculturales que dificultan el acceso de algunas poblaciones a la atención médica.
Por ello, la incorporación de una perspectiva intercultural no solamente implica reconocer la existencia de las parteras, sino encontrar mecanismos para que puedan relacionarse con hospitales y centros de salud sin que sus conocimientos sean desplazados o ignorados.
El riesgo está en la siguiente generación
Pero existe otro problema que ningún padrón puede resolver por sí solo.
¿Quiénes sustituirán a las parteras que actualmente ejercen?
La partería tradicional ha sobrevivido fundamentalmente mediante la transmisión de conocimientos entre generaciones. Madres, abuelas y otras mujeres de las comunidades han enseñado sus prácticas a quienes posteriormente continúan el oficio.
Ese mecanismo enfrenta ahora dificultades.
Información difundida durante julio de 2026 advirtió sobre la necesidad de capacitar e involucrar a nuevas generaciones para impedir que estos conocimientos desaparezcan.
El problema podría agravarse conforme envejezcan quienes actualmente ejercen la actividad sin que exista un número suficiente de jóvenes interesados en aprenderla.
Por ello, conocer que actualmente existen 115, 218 o cualquier otra cantidad de parteras resulta insuficiente para dimensionar el futuro de la actividad.
También sería necesario conocer sus edades, cuántas continúan activas, en qué comunidades trabajan, cuántos partos atienden y, principalmente, cuántas personas jóvenes se encuentran aprendiendo de ellas.
Reconocerlas no garantiza que sobrevivan
Quintana Roo ha dado pasos hacia el reconocimiento institucional de una práctica que durante generaciones permaneció fundamentalmente dentro de las comunidades.
Pero el reconocimiento jurídico representa apenas una parte del desafío.
La existencia de cifras oficiales diferentes muestra que todavía falta construir un registro estatal homologado, mientras que la ausencia de suficiente relevo generacional plantea una amenaza más profunda.
Porque una política pública puede reconocer la partería, incorporarla a normas y establecer mecanismos de coordinación con los servicios médicos.
Lo que ninguna norma puede recuperar fácilmente es un conocimiento ancestral después de que desaparece la última generación que sabía transmitirlo.
Ese es posiblemente el mayor desafío que enfrenta hoy la partería tradicional en Quintana Roo: lograr que el reconocimiento oficial haya llegado antes de que sea demasiado tarde.






















