Nicolás Lizama
En San Caralampio esta vez las compuertas del cielo se abrieron por completo.
El agua cayó y cayó como pocas veces se ha visto. Inundó los campos y también las ciudades.
Por un lado los cámpiras están felices. Sus sembradíos recibieron un fuerte estímulo. Habrá abundante cosecha es lo primero que pensaron. Y es que el agua de la lluvia, cuando cae, hasta al ser humano reverdece. Habría que ver como retoñan los árboles cuando les cae un aguacero.
En el campo, cuando llueve, todos se ponen muy contentos. El agua del cielo les trae vida a todos. Es una especie de bendición -maná-, que les cae del cielo.
Quieres ver realmente feliz a un campesino, espera a que llueva. Entonces serás testigo de cómo desde muy adentro le brota esa emoción sincera, espontánea que contagia todos. En la ciudad la cosa es diferente. A sus habitantes la lluvia no los emociona tanto.
Tiemblan enseguida cuando del cielo comienzan a caer los goterones. Y es que en su mente, para comenzar, viene el recuerdo de los desperfectos de su techo. De esas grietas que provocan correr por las cubetas para recepcionar toda el agua que se cuela. Eso si tienen casa de mampostería, porque si es de lámina, y de cartón, para acabarla de amolar, el asunto se vuelve catastrófico ya que a veces comienza a llover más adentro que afuera.
Luego viene el grave problema de las inundaciones. No importa el sitio en el que vivas. Invariablemente te llegarán las terribles consecuencias.
No hay nada peor que ver como el agua se mete por todos lados. Y ni poniéndote a rezar, remedias el asunto. Ni suplicándole clemencia a San Pedro sales del problema. El agua se te meterá y te mojará hasta los calzones. Y luego a lo.mismo de siempre. A suplicarle a las autoridades el apoyo. En estos casos la mejor ayuda es la que puedas aplicarte a ti mismo. No hay de otra. Si te confias de las autoridades seguramente nunca saldrás de tu problema.
El caso es que cuando llueve a cántaros, siempre hay beneficiados y perjudicados. Por un lado unos agradecen con lágrimas en los ojos mientras otros se quejan y sueltan maldiciones a diestra y siniestra.
Espero que en esta ocasión usted haya sido de los beneficiados y no de los perjudicados.
Espero que la lluvia les haya sido favorable, que les haya reverdecido al alma, tanto como al que esto les escribe.





















