Por Mario Castillo
Chetumal.-Hoy que ha visto su realidad, que incluso en Morena tiene escasas posibilidades de aterrizar sus ambiciones políticas, el ex diputado Juan Manuel Herrera implora por regresar a las filas del PRI, partido al que renunció de manera oficial para ir al encuentro con su triste destino político.
Y es que las cuentas y proyectos le fallaron a Juan Manuel herrera desde que incursionó por la diputación, pues siempre gritó a los cuatro vientos que durante el tiempo que ostentó el cargo jamás logró recuperar el invertido en campaña, ya que ese siempre ha sido su objetivo: llenarse los bolsillos de dinero.
A unos meses de que arranque el proceso electoral del 2018, podemos asegurar que el bacalarense le ha medido “el agua a los camotes”, concluyendo que jamás debió de abandonar las filas, y por ello ya solicitó su regreso reposando a la espera de que le abran la puerta. Duerme incluso con el teléfono en la almohada mientras el Dirigente de tricolor en Quintana Roo le da largas.
El mensaje que percibió en la pasada visita de Andrés Manuel López Obrador –dueño del partido Movimiento de Regeneración Nacional- a Quintana Roo, fue la clara y directa cerrazón y desprecio por parte de la militancia para quienes buscan en este partido un espacio en las candidaturas para la elección que viene. El abucheo dirigido al ex priista Eduardo Ovando Martínez fue su mejor ejemplo al fracaso.
Pero no fue hasta que su “amiga” Trinidad Guillen fue sumada a las filas de Partido Encuentro Social (PES), cuando Juan Manuel Herrera vio su triste realidad; derrotado y sin camino alguno para seguir por su cuenta en la búsqueda de nuevos escenarios, esos que tanto espera para hacerse del poder y la riqueza que desde años atrás le han quitado el sueño.
Sobre todo porque a su íntima –Trinidad- los líderes del PES ya le ofrecieron la candidatura a la presidencia municipal de Bacalar para el proceso electoral venidero, espacio en el que la también ex priista tiene pocas posibilidades de triunfar, pero que al final de día la coloca en la palestra, y muy probablemente con posibilidades de obtener al menos una regiduría. Lo que para Juan Manuel hoy es prácticamente inalcanzable.
No cabe duda que “hay quienes nacen con estrella, y hay quienes nacen estrellados”, y al ex diputado le ha tocado bailar con la más flaca, con la más gorda, y hasta con la más fea de la fiesta que el mismo ha organizado para llamar la atención.
Sus arrebatos, ambiciones, y repentinos caprichitos, sitúan a Juan Manuel en una complicada posición porque en Morena de plano le cerraron la entrada, y en el Revolucionario Institucional nomás no hay para cuando le perdonen la traición y todo lo que despotricó en contra de quienes le dieron nombre y figura.
Y si del ejido Bacalar hablamos, falta poco para que la soga reviente y será más triste la realidad a la que el ex legislador tendrá que enfrentarse en un futuro no muy lejano. Pero como suele decir la venerable abuela: “pal baile vamos”; y esa historia nos la reservamos para la siguiente entrega.





















