Parlamentadas
A tres meses de haber iniciado la XV Legislatura, el ranking de aceptación para los actuales inquilinos del Congreso del Estado otorga el puesto número uno para el diputado Raymundo King de la Rosa, pero como el más despreciado de los representantes populares de Quintana Roo.
Y es que a diferencia de sus homólogos priistas y verde ecologistas, que a la fecha han ido ganando un poco de terreno dentro de la sociedad, es Raymundo el que prende la mecha cada vez que hace uso de la tribuna o pone un pie en cualquier lugar público, para que la ciudadanía se vuelque en su contra.
Su doble moral, difícilmente le permitirá ganarse el respeto que jamás ha tenido de la gente, porque la perversa relación de la política con el dinero siempre le ha perseguido, pues no tiene siquiera un ápice de acercamiento con los sectores populares, y su interés va más allá de favorecerlos.
En sus discursos parlamentarios reclama rendición de cuentas, transparencia en el ejercicio de gobierno y pide poner freno a la corrupción, aún y cuando fue uno de los que avalaron y se favorecieron de un oscuro y corrupto sistema como el que encabezó el ex gobernador Roberto Borge Angulo junto con su séquito de lacayos saqueadores.
En su desesperación por atraer reflectores hacia su desgastada imagen, se ha atrevido incluso a exigir que desaparezca la Gran Comisión del Congreso del Estado, cuando meses atrás era para él el hueso más anhelado.
Si fuera él quien el día de hoy ocupase dicha posición en el Poder Legislativo, nos atreveríamos apostar doble contra sencillo que el discurso fuera diferente. Nadie le cree, todos se burlan de él y lo abuchean; muy caro está pagando el haber traicionado la confianza popular desde que fue legislador federal.
Tanto él como sus homólogos de partido, así como sus aliados del PVEM en la XV Legislatura, hoy están recibiendo una sopa de su propio chocolate. Desplazados por esa mayoría ganada por el PAN y PRD, como oposición no les queda más que recoger migajas y usar la Tribuna Legislativa para llorar su derrota.
Si aún queda algo de dignidad en Raymundo King, lo mejor sería ceder paso a su suplente para evitar que el desprecio social hacia su oscura persona siga aumentando como la espuma.
Pero como la diputación que hoy ostenta -a la que llegó por la vía plurinominal (dedazo) y no así por aceptación popular-, es la última chichi que mamará del erario público, se niega a soltarla para no quedar en la orfandad política.
Porque de los priistas queda claro que nada puede esperar ya que también lo desprecian, pero ese es tema que trataremos en la siguiente entrega.





















