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Golpe de tinta

La Secretaría de Gobierno: El talón de Aquiles de Beto Borge

En los cuatro primeros años de su gobierno, Roberto Borge Angulo ha superado varias adversidades y cubierto deficiencias de colaboradores que le fueron “endosados” por la pasada administración, principalmente en el área encargada de la “Política Interna”, es decir, la Secretaría de Gobierno, que primeramente fue ocupada por el gris cozumeleño, Luis González Flores y en los dos últimos años, por el yucateco avecindado en Playa del Carmen, Gabriel Mendicuti Loria.

Es obvio que son varios los funcionarios de primer nivel quienes no aprovecharon la oportunidad para servir a Quintana Roo, en lugar de trabajar para el mandatario en turno se dedicaron a cuidar intereses de sus grupos políticos y establecer cotos de poder entre sus subalternos, pero en este análisis nos enfocaremos en la Secretaría de Gobierno, por ser, supuestamente, la “madre” de todas las dependencias que integran la administración pública.

En los albores del gobierno de Beto Borge la oportunidad de controlar la política interna recayó en Luis González Flores, oriundo de Cozumel, tío del ex gobernador Félix González Canto, un hombre más de curtido en la carrera de servidor público y de quien se presumió sería un buen “vice-gobernador”, debido a que venía de fungir como diputado-presidente de la Gran Comisión en la XII Legislatura del Congreso del Estado.

Pero más que rápido se desvanecieron las grandes expectativas que se tenía con su persona, nunca logró tomar el control de la política interna, no pudo ser el interlocutor que necesitaba Beto Borge para mantener el dialogo con el Poder Judicial, Poder Legislativo, diputados de oposición, Partidos Políticos, Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s), Sindicatos y Líderes Naturales.

Tal situación provocó que Beto Borge buscara una salida decorosa a su paisano, lo mandó a la Sedari y su lugar lo ocupó el ex presidente municipal de Solidaridad, Gabriel Mendicuti Loria, quien llegó con una etiqueta de un gran conciliador, de un experimentado gurú político y con una enorme “mochila” de vagas ilusiones, similar a como hace hincapié el cantautor chapín, Ricardo Arjona, es una de sus clásicas canciones.

Dos años han transcurrido y a la fecha se desconoce acción alguna donde el yucateco, Gabriel Mendicuti, haya puesto de manifiesto su capacidad de interlocutor ó resuelto pugna mediante su “retorcido colmillo” político, porque casos tan sonados, como el paro magisterial ó la rebelión de los Carrilloportenses que cerraron la carretera federal, tuvieron que ser resueltos por el propio gobernador, Betoborge.

Lo único que los quintanarroenses podrían reconocerle a Mendicuti Loría, es su enorme capacidad para consolidar su grupo político, de adueñarse de estratégicas posiciones en el gabinete estatal para meter a personas afines a él, como por ejemplo: Harley Sosa Guillén, en la Comisión de los Derechos Humanos.

Los actuales tiempos políticos provoca que el oriundo de Mocochá deambule entre su responsabilidad como servidor público y su vocación política, que a decir verdad, ninguna de las dos cumple al cien por ciento.

Difícil decisión deberá tomar Mendicuti Loria, porque si desea continuar con su ingenua, agrisada y titubeante aspiración política de ser el “caballo negro” de la ya marcada sucesión gubernamental, es urgente que deje la Secretaría de Gobierno para que ésta sea ocupada por una persona que en verdad ayude a Beto Borge a resolver las problemáticas cotidiano de los quintanarroenses.

Tal situación daría libertad para que Mendicuti Loria compita en igualdad de circunstancia que los otros cinco aspirantes, ya que tres de ellos son presidentes municipales, uno es diputado federal y el restante es dirigente del PRI estatal, es decir, todos ellos gozan de un amplio margen de acción.

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