Por Mario Castillo Rodríguez
Chetumal.-En este pedazo de patria donde nos tocó vivir, es tan común el disfrutar un domingo desayunando en familia o con los amigos la tradicional “Cochinita Pibil”; platillo típico regional que ha llegado hasta nuestros tiempos de generación en generación desde la época prehispánica.
En el caso particular de Chetumal, tanto en los mercados, parques, plazas, aceras, la tiendita de la esquina, y hasta a las puertas de los domicilios, puede verse cómo la gente se dedica a esta actividad culinaria que deja jugosas ganancias tanto a quien la prepara y comercializa, como a los carniceros y panaderos encargados de vender la carne y hornear desde un día antes, respectivamente.
Sin embargo, su venta representa también un grave riesgo para la salud de quien la consume, y no solo por el exceso de grasas que
contiene la carne de cerdo, sino porque más del 80 por ciento de los vendedores de este platillo lo hacen de manera irregular.
Datos extra oficiales, establecen que de los más de 500 establecimientos de cochinita que abarrotan los domingos la capital del estado, el personal que manipula los alimentos no cuenta con la respectiva Tarjeta de Salud, al igual que la carne carece de garantía de haber pasado previamente por las normas de salud que así lo exigen.
Lo anterior, sin pasar por alto que, en algunos casos, la misma persona que despacha es la que cobra, y eso, aunado a la comercialización al aire libre, nos deja expuestos a los consumidores a contraer enfermedades gastrointestinales.
No obstante, todo parece indicar que tanto para las autoridades de Salud como para los encargados de Comercio y Vía Pública del ayuntamiento Othonense, es imposible meter en cintura a los expendedores para garantizar la salud de quienes la consumen.
Pues aparte de que es en fin de semana cuando se vende y son días inhábiles para las dependencias involucradas, los inspectores responsables de este control prefieren obtener la también tradicional “cuota de piso” que va desde los 50 hasta los 100 pesos por vendedor al día, ya que “según el sapo es la pedrada”.
Es decir, por toda la ciudad, son entre 35 y 50 mil pesos (espero no quedarnos cortos con las estimaciones) los que entran a las bolsas de los inspectores en un solo día sin que esto tenga de igual manera un control al interior de las arcas municipales, pues generalmente omiten extender el respectivo recibo, bajo la excusa de que trabajar en domingo debe ser de cierto modo rentable para todos.
Empero, aún conscientes de las mordidas y los riesgos, cada domingo vemos centenares de venteros dedicados a esta actividad, y desde luego, los chetumaleños vamos gustosos a comprar este manjar de la comida regional yucateca, y ya sea en tortas o en tacos, lo disfrutamos con una rica agua de horchata que no puede faltar a la mesa, ya que es la mancuerna para perfecta para el desayuno dominical. ¿Buen provecho?





















