Harley, ahí te hablan

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Anwar Moguel
Allá por el 2009 tuve la oportunidad de tener una plática de varias horas con un ex convicto, recién liberado, que estuvo recluido por más de cinco años en las cárceles de Cancún y Chetumal, donde terminó su condena.

Se llamaba Miguel, y según él, fue encarcelado por chocar una camioneta de lujo de su jefe y no tener dinero para pagar la reparación. Esa falta crónica de dinero, convirtió su estancia en la cárcel en un verdadero infierno.

Me narró Miguel en aquella ocasión que la cárcel es controlada por el “autogobierno”, esa figura controversial que nadie acepta pero que sí existe y controla con mano de hierro, y que es la que se encarga de convertir a los supuestos centros de readaptación social en jugosos negocios, con un flujo de efectivo constante y sonante.

El ex convicto, pobre desde su nacimiento, me contó con lujo de detalles las veces que fue golpeado por no poder pagar una estancia tranquila, es decir, le pedían una “cuota” mensual para dejarlo en paz.

No fueron pocas las veces que lo dejaron como piñata, hasta que se dieron cuenta que no tenía ni perro que le ladre así que, tras unos meses de golpizas y asedio, lo dejaron en paz.

Pero no sucede así en todos los casos. Cuando los que controlan el negocio dentro de la cárcel se dan cuenta que algún preso tiene visitas familiares constantes, y que estos gozan de cierta solvencia económica, estos se convierten en objetivos pues tienen que estar desembolsando dinero continuamente para garantizar su “protección”.

También me contó que la cárcel de Cancún, es un caso aparte. Que la violencia es la moneda corriente y que con dinero en mano, puedes conseguir de todo, desde algo tan simple como una comida a domicilio de tu restaurante favorito, hasta drogas, licores y prostitutas.

Desde entonces, poco ha cambiado la situación de los penales en el estado que están lejos de cumplir su propósito de readaptar a los internos a la sociedad. Este fin de semana una valiente mujer dio a conocer lo que estaba viviendo su esposo en el Cereso de Chetumal, exigiendo públicamente la intervención de la Comisión de Derechos Humanos que preside el campechano Harley Sosa Guillén.

Poco, muy poco se puede decir del trabajo de Sosa Guillén al frente de Derechos Humanos en el estado, quizá porque aún se está adaptando a la silla, pero aquí tiene una oportunidad real de hacer su trabajo como debe de ser.

Porque el estado de las cárceles y sus procesos son una asignatura pendiente para la Cdheqroo, ya que en las revisiones de los últimos años han salido reprobadas, entre las peores del país.
Ahí te hablan, Harley, te hablan los reos que sufren vejaciones, te hablan sus familias preocupadas. Hazles caso.

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