Por Victoria Castro Chávez
CHETUMAL, Quintana Roo.- La economía informal en Quintana Roo tiene un rostro distinto al del resto del país. Impulsada por la actividad turística, las principales actividades fuera de la formalidad se concentran en el comercio ambulante, la venta de alimentos y bebidas, así como en la prestación de servicios turísticos sin registro oficial, sectores que generan ingresos para miles de familias, pero que también representan uno de los principales retos para las autoridades en materia de regulación y recaudación.
De acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los Censos Económicos y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), el comercio al por menor constituye la actividad informal más común en México. Dentro de este sector destacan la venta ambulante y los pequeños negocios dedicados a la comercialización de alimentos, ropa, accesorios y diversos productos de consumo cotidiano.
A nivel nacional, los giros con mayor presencia son las tiendas de abarrotes, salones de belleza, comercios de ropa, restaurantes y establecimientos de venta de artículos diversos. Sin embargo, cuando se analiza específicamente la economía informal, el comercio minorista ambulante o semifijo ocupa el primer lugar y representa una de las principales fuentes de ingresos para millones de mexicanos.
En Quintana Roo, la dinámica económica vinculada al turismo ha dado origen a un patrón distinto de informalidad. Autoridades laborales identifican que las actividades más frecuentes fuera de la formalidad se concentran en la venta ambulante, la comercialización de alimentos y bebidas, los servicios turísticos no regulados, el transporte de visitantes, así como la venta de artesanías y recuerdos en destinos turísticos.
Esta situación es particularmente visible en ciudades de alta afluencia turística como Cancún, Playa del Carmen, Tulum y Bacalar, donde diariamente operan vendedores ambulantes de alimentos, artesanías, ropa de playa, excursiones y diversos servicios dirigidos a visitantes nacionales y extranjeros.
La informalidad en estos destinos responde, en gran medida, a la elevada demanda de productos y servicios generada por el turismo, lo que facilita la aparición de negocios que operan sin cumplir plenamente con obligaciones fiscales, permisos municipales o requisitos de seguridad social.
Entre las actividades informales que generan mayores ingresos en Quintana Roo destacan la venta de alimentos y bebidas en zonas turísticas, la organización de tours y excursiones no reguladas, el transporte turístico informal, la comercialización de artesanías y souvenirs, así como la renta de equipos recreativos en playas, lagunas y otros atractivos naturales.
Los datos más recientes de los Censos Económicos reflejan que la informalidad continúa siendo una característica predominante de la economía mexicana. Se estima que alrededor de seis de cada diez establecimientos operan en condiciones de informalidad, mientras que más de la mitad de la población ocupada obtiene sus ingresos mediante actividades fuera del marco formal.
Para Quintana Roo, donde una parte importante de la economía depende del turismo y del comercio, el reto consiste en avanzar hacia la formalización de miles de pequeños negocios sin afectar una fuente de ingresos que sostiene a numerosas familias y que, al mismo tiempo, forma parte de la dinámica cotidiana de los principales destinos turísticos del estado.






















