El campo mexicano y sus agrónomos
El pasado 22 de febrero, se celebró en México “El día del agrónomo” y fue en este año 2022, cuando observe por lo menos, en las redes sociales “se inundó de mensajes dedicados a quienes ofrendan su vida en la producción de los alimentos. Por otro lado, innumerables organizaciones relacionadas a la agronomía estuvieron organizando conferencias virtuales para analizar la situación del agro mexicano.
Y fue en ese día, Adrián López Pérez, uno de los grandes agrónomos que sé de sus innumerables experiencias en las diversas trincheras de la agronomía regional, incluso a nivel internacional, leí uno de sus escritos alusivos a estas celebraciones, al leerlo, pues en sus palabras veo reflejado también mis valores como agrónomo egresado de la década de los años 90’s de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), y cuyo escrito hoy tengo esa oportunidad de compartirles.
“Los egresados de agronomía de Chapingo sabemos que la Escuela Nacional de Agricultura (ENA) se fundó oficialmente el 22 de febrero de 1854, en el Convento de San Jacinto, en San Ángel (Ciudad de México). El 20 de noviembre de 1923 la ENA se trasladó a la Hacienda de Chapingo, dando inició a sus actividades, para transformarse después en la ahora, Universidad Autónoma Chapingo, con un proceso de transformación que inicia el 30 de diciembre de 1974 cuando se emite el decreto en el Diario Oficial de la Federación, que promulga la “LEY QUE CREA LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA CHAPINGO”, culminando dicho proceso en 1978 con la formulación del Estatuto de la Universidad Autónoma Chapingo.
El día 20 de noviembre de 1923 se plasma el Acta Constitutiva de la ENA Chapingo, que contiene los preceptos que han permeado por años el honor y la tradición de nuestro glorioso plantel, hasta nuestros días, quedando estampada y pintada en piedra en nuestro amado edificio principal. Que a la letra dice:
Hoy día veinte de noviembre de mil novecientos veintitrés se inauguró en esta hacienda de Chapingo la nueva Escuela Nacional de Agricultura, reformada en sus métodos, finalidades y aspiraciones conforme a la idea fundamental que animó desde hace diez años a la clase laborante mexicana, para lanzarse a una lucha revolucionaria, contra el estado de cosas que en materia social y económica ha prevalecido en este país desde los días de la conquista.
Un grupo de individuos de buena voluntad, convencidos del inmenso anhelo de justicia y de verdad que mueve el alma del proletariado mexicano, meditó, proyectó, y llevó a la realidad las reformas los métodos y propósitos que informan el ambiente espiritual, las tendencias morales y las prácticas que desde el día de hoy constituyen la vida de esta escuela. Se ha querido construir aquí un núcleo de gente que cree en el trabajo, considerándolo como el instrumento sagrado y único de la cooperación humana. De aquí saldrán, si la miseria y el atraso moral de los elementos antagónicos a nuestras ideas no lo estorban, hombres libres, sanos, hijos de la tierra a la que deban todo y para la que tengan una severa y callada devoción, como la que merecen todas las cosas grandes.
Sin embargo, la Escuela Nacional de Agricultura tiene como ideal íntimo de esfuerzo un punto de mira más modesto, pero más sincero que todas las proposiciones esquemáticas del capitalismo agrícola de la edad en la que vivimos, gracias a las cuales existen millones de seres esclavizados a la faena productora, mientras otros millones se dedican a inflar el costo de la vida, para final beneficio de un reducido grupo de privilegiados, que aprovecha en beneficio propio bienestar y ganancias.
Esta escuela no tiene su espíritu orientado hacia ambiciones de lucro ni hacia dogmas económicos sellados como hacinamientos de cráneos y miradas de ruinas en el triste colapso europeo de 1914. Esta escuela preconiza un ideal humano de sencilla cooperación y de reposado compañerismo entre los hombres que labran la tierra sin que trate de empujarlos hacia la pendiente de la grande explotación agrícola, que necesita, para florecer y prosperar, del padecimiento de enormes multitudes de asalariados sin esperanza.
Aquí pretendemos que el pequeño agricultor sea árbitro de sí mismo, amigo de su comarca, apoyo y base de la ciudadanía campesina; por eso titulamos de modesto el programa educativo de esta escuela, en su aspecto económico pues marchando así, con el íntimo anhelo de ser guiados por nuestra verdad social, iremos muy lejos sabiendo preparar el camino a las generaciones futuras.
La tierra no tiene dueños. Es la madre cariñosa y fecunda de todo aquel que interpreta con humildad y con lealtad la misión del ser humano. Preconizamos una filosofía de devoción al esfuerzo sin egoísmo, sin esclavitud y sin privilegio. Creemos que la forma suprema de ser libre se encuentra en lograr que las organizaciones agrícolas se dediquen a producir para bien común y no para lograr las concupiscencias de los amos. Si resultare que no somos los llamados al cumplimiento de una obra tan enorme como la que dejamos esbozada, que otros más fuertes y mejor capacitados que nosotros recojan nuestra bandera de campaña, simbolizada en la presente idea fundamental.
» ENSEÑAR LA EXPLOTACIÓN DE LA TIERRA, NO LA DEL HOMBRE»
Estos, son preceptos, que a la par de Tierra y Libertad, emanan el humanismo y el amor a la tierra, en todas sus vertientes, y aunque muchas cosas han cambiado a la fecha, su ética y filosofía siguen vigentes, y debe permear en nuestros corazones como Chapingueros de bien, incluso en la reflexión de que ahora no solo debemos explotar la tierra, sino cuidarla, amarla, regenerar y cuidar su entorno, para cosechar sus frutos generosos que nos dan sustento para una vida sana y digna. Unámonos, sin distinción de credos, condición social, logros o fracasos, clases, ideologías y sin distingo de preferencias políticas o de grupos sectarios, todos en una sola idea, promulgar en nuestro actuar, estos y muchos más preceptos que hacen honorable y noble nuestra profesión, sin distingo de generaciones o especialidades, porque la ENA-UACH en todas sus generaciones y en sus propias luchas hemos vivido en carne propia los retos, debilidades y amenazas que cada seis años, y cada década se ha impuesto al desarrollo del campo en su devenir por los últimos 70 años, tanto desde cada trinchera, como desde cada diferente proyecto de nación, bajo condiciones económicas, sociales y políticas diversas por más adversas que sean en el ámbito que nos desempeñamos. Hagamos posible innovar para glorificar nuestro presente, y enfrentar el futuro con fortaleza, inteligencia y dignidad, individual, colectiva y de gremio. Contagiemos a las nuevas generaciones, y las generaciones por venir de esos valores y ese espíritu de vocación, misión y honor, por esta actividad tan noble, e incluyamos, seamos incluyentes siempre de todo colega agrónomo o profesionista relacionado con el campo, con estos preceptos, con el ejemplo, y con la unión fraternal y gremial, así como una responsabilidad, misión y visión de abrir siempre oportunidades y no divisiones, hacía muchos más colegas del campo mexicano, y de nuestras regiones, así como a los egresados de nuevas carreras que se esfuerzan por desempeñarse con ese amor al campo e insertarse a una realidad laboral y de oportunidades profesionales cada vez más limitada e incierta.
No olvidemos nunca estas palabras estampadas en piedra que nos dan sentido de honor, de identidad y de ser, en nuestra vocación profesional, compartamoslo con el ejemplo a todos nuestros colegas agrónomos y profesionistas del campo, y sus nuevas generaciones”
Momentos de análisis y de oportunidades para quienes vivimos en México, y es el momento del campo mexicano para generar mínimamente esos alimentos que consumimos.





















