Por Mario Castillo Rodríguez
Chetumal.-¿Quién de nuestros contemporáneos no recuerda aquellas tardeadas o placenteras noches de disco en el afamado edificio ubicado en pleno corazón de Punta Estrella, en la Bahía de Chetumal?
¿Ocaso el tiempo ha logrado borrar de la memoria esos pasos selectos que utilizabamos rompiendo pista en la disco Antares?
Sin embargo, el tiempo ha dado cuentas de aquel edificio que tanta vida vespertina y nocturna dio a la capital del estado, y que desborda juventud al ritmo de la música de moda que revolucionó toda expresión habida y por haber.
Así es, solo las ruinas quedan de Antares, pues aquel proyecto que fue iniciado por el propietario del inmueble y precursor de este proyecto Mario Vargas, quiso ser retomado en varias ocasiones, incluso bajo el nombre de Akua en concesión con la cervecería Corona, pero no tuvo el mismo éxito que hizo vibrar a Chetumal a finales de la década de los 80´s, y hasta mediados de los 90 cuando cerró sus puertas al público.
Es de recordarse que, en aquel entonces, Scorpions era la competencia de Antares, y ambas se repartían las aventuras de quienes hoy conformamos el nutrido grupo de cuarentones de la capital del estado.
Y es que el cambio radical que sufrió la economía chetumaleña, fue el acabose no sólo de Antares sino de muchos otros lugares donde acudimos a divertirnos sanamente con la pareja, los amigos o familiares, ya sea para compartir la música, o para disfrutar la botana del medio día amenamente, mientras los mayores también le daba vuelo a la hilacha en conocidos tugurios.
A nuestra mente vienen nombres como el de Antares, Scorpions, Teranga, El Palomar, Las Margaritas, entre otros, sin pasar por alto a los centros nocturnos como Bar Abra, Los Corazones Rotos, Torinos, Nicte-Ha, y muchos más, donde los gustos por los bailes exóticos y la vida nocturna estaban en su máxima expresión en Chetumal.
Así respetable Lector, eran buenos tiempos, tiempos de una bonanza económica que muchos deseamos regrese para que Chetumal vuela a ser el mismo, ya que esta vida impacta positivamente en quienes dependían de estos giros para llevar el sustento a sus hogares.
Sin embargo, al igual que los demás centros de diversión que hoy han cerrado sus puertas para no abrirse jamás, la música de Antares seguirá sonando en la memoria de quienes gozamos esas agradables épocas que, desgraciadamente, jamás el tiempo hará regresar.




















