Navidad fue una cena triste para muchas familias quintanarroenses

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Efecto Mariposa

Llega un año más a su fin, después de disfrutar de una cena navideña con la familia, todo es alegría, sin embargo, hubo quienes no pudieron celebrar como el caso de un amigo que falleció precisamente en la noche de la navidad, lamentable noticia y desgarrador para sus familiares, por esta razón debemos de aprovechar estas fechas para la sana convivencia familiar, la muerte es la eterna no invitada, pero de la que siempre esperamos su llegada, deseando que tarda en llegar, no así a nuestros amigos que se nos adelantaron, algunos de ellos víctimas de la violencia e inseguridad.

Este 2019 me tocó sentir la presencia de la muerte con amigos cercanos, casos muy dolorosos por estar al inicio de sus vidas fue el de Norvick Caamal, (el güero) quien fue víctima del crimen organizado, sin estar involucrado en actos ilícitos, tan sólo por estar con determinadas personas en el momento menos indicado, otro caso muy doloroso fue el de Liborio Núñez de Miguel Alemán, quien fue asesinado de manera artera, con todos los agravantes en la comunidad de Bacalar, presumiblemente también por integrantes del crimen organizado.

Fui a la casa de mi amigo Caamal, el día 24 de diciembre a la cena navideña, su esposa Maty, aun llora desconsoladamente la pérdida de su hijo menor, quien le ayudaba en el puesto de empanadas, sirviendo, lavando los trastes y yendo a comprar a las tiendas, Caamal es un apersona pacífica que no reclama por la justicia de su hijo, pues sabe que fue un daño colateral de esta guerra de criminales, sin embargo esto no debería estar pasando, pues el gobierno tiene el deber de garantizar la seguridad de los ciudadanos.

El 25 de diciembre murió Juan Luis Martínez Domínguez, después de dos días en estado de coma, quien días antes había recibido una golpiza, que él trató de disimular diciendo que se había tropezado en el baño, quisiera hablar un poco de esta persona que también es de la comunidad de Miguel Alemán y que fue enterrada en la comunidad de González Ortega.

Juan Luis Martínez Domínguez era un Ingeniero en Electricidad, titulado, egresado en el Tecnológico de Chetumal, sin embargo no la tuvo nada fácil; pues, huérfano de madre y criado por su abuela materna y su esposo, Don Bucho, tuvo que trabajar desde adolescente como cualquier campesino en el ejido de Miguel Alemán, saliendo a la edad de 18 años y trabajando en Chetumal como mesero en una taquería del boulevard bahía a un costado de la glorieta del monumento a Lázaro Cárdenas, trabajando y estudiando terminó su bachillerato en el CBTIS 214 y luego continuó en el ITCH, una vez egresado le tocó trabajar en una empresa de la construcción, donde además de realizar el diseño, planos e instalaciones eléctricas a edificios le tocó darle mantenimiento a varios aeropuertos.

Mientras realizaba planos para la empresa chetumaleña en la que trabajaba y realizaba trabajos en diferentes aeropuertos en el país, se quejaba de la grave situación de corrupción que imperaba, por lo que se declaraba a favor del actual Presidente de México, lamentablemente, una vez que hubo el cambio de gobierno, Juan Luis, clamaba de que se le acabó el trabajo, pues la empresa para la que laboraba no recibió un solo contrato más en todo un año, por lo que aunque contaba con ahorros para sobrevivir e hizo equipo con 4 ingenieros y participaron en tres licitaciones públicas no lograron obtener ningún contrato, lo que le ocasionó grave depresión.

Así terminó la vida de un amigo del ejido Miguel Alemán, quien en base a esfuerzo quiso superarse, y hoy lo veo en un ataúd en una casa humilde en el ejido de González Ortega, con un grupo de familiares muy reducido, una fosa a punto de terminarse, nunca llegó el tan ansiado contrato de las Licitaciones, quiso tener Fe, sin embargo, la depresión le ganó, en un Chetumal diferente, donde la violencia impera, nunca sabré si murió por los golpes que alguien le propinó o fue víctima de la depresión.

Lamentable es la situación por la que atraviesa Bacalar, Chetumal, Playa del Carmen, Cancún y el resto del país, un país destrozado por la violencia, el crimen y la impunidad, sin esperanza de que se enfrente a los criminales, a quien el Gobierno de la República pide besos y abrazos, no balazos, porque también son parte del pueblo bueno, que roba, extorsiona y asesina impunemente por que la pobreza los llevó a agredir a la sociedad, siempre me pregunto ¿Por qué los admiradores del Presidente no sienten empatía con las víctimas de los sicarios de los cárteles de criminales?, pues con tristeza veo que se sienten demasiado cristianos, para pedir que las víctimas pongan la otra mejilla y que el gobierno de la república no mueva un solo dedo para contenerlos.