Punto de Vista Por Alberto Cabrera
En los últimos meses, la responsabilidad de la presidenta municipal de Solidaridad, Lili Campos, ha sido objeto de intensos debates y preocupaciones.
Un punto crítico en esta discusión es su negativa a coordinarse con la federación y el gobierno del estado, rehusándose a firmar el convenio de coordinación con la gobernadora.
Esta postura no sólo desconcierta a los ciudadanos, sino que también plantea serias dudas sobre la capacidad y voluntad de la administración local para enfrentar los desafíos que aquejan al municipio.
La seguridad es uno de los temas más sensibles para cualquier comunidad, y Solidaridad no es la excepción.
Sin embargo, la respuesta de Lili Campos a los hechos violentos que sacuden al municipio parece ser de simpleza y desdeño.
En lugar de asumir un papel proactivo y colaborativo, la presidenta municipal opta por evadir su responsabilidad, lo cual genera incertidumbre y preocupación entre los ciudadanos.
La negativa de Campos a firmar el convenio de coordinación no puede ser vista como un simple desacuerdo político.
En un contexto donde la seguridad y el bienestar de la población están en juego, la falta de cooperación entre los distintos niveles de gobierno resulta inaceptable. Los ciudadanos se preguntan: ¿Es esta actitud un reflejo de indiferencia, ineptitud o complicidad?
La indiferencia sería la interpretación más benigna, sugiriendo que la presidenta municipal simplemente no comprende la gravedad de la situación o subestima la importancia de la colaboración intergubernamental. Sin embargo, dada la magnitud de los problemas de seguridad en Solidaridad, esta explicación parece poco plausible y aún más preocupante.
Por otro lado, la ineptitud plantea una perspectiva más alarmante. Si la negativa de Campos se debe a una falta de capacidad para gestionar y coordinar con otras entidades gubernamentales, el municipio se encuentra en manos peligrosamente inexpertas. La seguridad de los ciudadanos no puede depender de un liderazgo incapaz de enfrentar los desafíos con competencia y determinación.
Finalmente, la posibilidad de complicidad es la más perturbadora de todas. Si la presidenta municipal está evadiendo su responsabilidad de manera deliberada para proteger intereses oscuros o aliados en el crimen, la situación en Solidaridad se torna aún más crítica. Esta sospecha, aunque grave, no puede ser descartada sin una investigación y escrutinio rigurosos.
Es momento de que Lili Campos asuma su responsabilidad antes de irse del gobierno. La seguridad de Solidaridad está en juego, y los ciudadanos no pueden permitirse el lujo de esperar más tiempo






















