Después de 48 años de servicio, Miguel Arcángel Caamal y Pérez deja un legado construido con esfuerzo, disciplina, madrugadas, desvelos y una entrega absoluta que pocas veces se ve. Detrás de cada evento oficial, de cada escenario montado, de cada detalle perfectamente coordinado, siempre estuvo su mano, su experiencia y su compromiso.
Fue de esos hombres que nunca buscaron reflectores, pero sin los cuales muchas cosas simplemente no hubieran sido posibles. El primero en llegar y muchas veces el último en irse. Siempre al pie del cañón, resolviendo, enseñando y trabajando con pasión por Quintana Roo.
Hoy se va un maestro de la logística, pero sobre todo un ejemplo de institucionalidad, responsabilidad y amor por el trabajo bien hecho.
Quienes tuvieron el privilegio de trabajar a su lado saben que deja mucho más que un cargo vacío: deja enseñanzas, carácter, disciplina y un legado que difícilmente podrá repetirse.
48 años no se resumen en cifras. Se resumen en historias, generaciones, sacrificios y en una vida dedicada al servicio público.
Gracias por tanto, Don Miguel.
Misión cumplida.
Ahora sí… a disfrutar esta nueva etapa que se ganó con honor, respeto y trabajo.






















