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Derechos Humanos en la peor de sus crisis en Quintana Roo

harley-sosa-guillenPor Malix pek

La gente ya está harta de escuchar discursos rebosados de demagogia, de ofertas vacías que siempre acaban en palabras al viento y de informes carentes de resultados que solo sirven para ensalzar la figura de quien hace uso de la tribuna, como esta fuera un atril de burla a la sociedad, sin reparar desde luego en gastos excesivos de publicidad que solo reafirman que las crisis políticas siguen siendo latentes.

Y los quintanarroenses más, porque desde el arribo de Harley Sosa Guillen como el Ombudsman de Quintana Roo, sólo se ha dando fe de que en el Estado los Derechos Humanos siguen en el limbo, que es el sueño y el silencio obligado de los inocentes que diariamente esperan sus quejas tenga respuestas.

Es imposible pasar por alto que Quintana Roo es ajeno a este añejo mal que subyuga a la sociedad, y que en este primer año al frente de la Comisión Sosa Guillén se la haya pasado  “empapándose de la materia”, en “estudios a fondo”, en “levantar o hacer diagnósticos” y sin resultados que hablen de un trabajo plausible, como el que se comprometió a hacer cuando rindió protesta.

Recordemos que “el chaval” llegó a dicha comisión gracias al respaldo de su tío, el reconocido empresario, Fidel Guillén y al respaldo del Secretario de Gobierno, Gabriel Mendicuti Loria, a pesar de una pesada carga de críticas y cuestionamientos por sus cercanías con los entes del gobierno y sobre todo con pocas garantías de revertir los resultados obtenidos por su antecesor Enrique Mora Castillo, y vaya que la gente tenía razón, para muestras, tantos botones que trae abiertos.

Todo parece indicar que los augurios se están cumpliendo al pie de la letra, sobretodo esos que señalaban que ante la obvia imposición, Harley Sosa estaba condenado al fracaso dada su marcada tendencia política y –porque no mencionarlo con todas sus letras- su in experiencia laboral.

Lo difícil no fue para Harley Sosa ofrecer a su llegada proteger los derechos humanos de las y los quintanarroenses, lo difícil ha sido y será el lograr que la aceptación de las recomendaciones emitidas vaya en aumento en cualquiera de los ámbitos competentes.

Cacarear a los cuatros vientos que se ha ganado terreno en este renglón, y que en Quintana Roo las recomendaciones emitidas  han logrado cambiar marcos jurídicos y administrativos, nada tiene que ver una realidad que habla que las mismas autoridades se pasan toda esa serie de disposiciones por el arco del triunfo, nada más y nada menos que al amparo de una Cdheqroo postrada a la sombra de las palmeras.

¿Seguirá la mata dando? ¿Seguirá siendo la Cdheqroo el reposo de incompetentes y mediocres personajes?. Seguramente las respuestas a esas preguntas las tenga el propio Sosa Guillén o el diputado-presidente de la Comisión de Derechos Humanos en la XIV Legislatura, el panista Sergio Bolio Rosado.

Aunque el panorama a nivel nacional, tampoco está como para brincar de júbilo, pero tal parece que esto no tiene importancia para aquellos quienes creen que México sigue siendo el país de las maravillas, que sigue siendo la tierra donde no pasa nada mientras la inseguridad y la violación a los Derechos Humanos de las y los mexicanos crece de manera desmedida a los ojos y brazos cruzados de las autoridades encargadas.

Eso es lo que se percibió este día mientras el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Luis Raúl González Pérez, daba lectura a otra historia de tiempos perdidos, a otro libro de casos sin resolver, al lamentable cuento de nunca acabar.

Tan lamentable como la crisis por la que atraviesan hoy en día los “Derechos Humanos” en nuestra nación, pues a más de cuatro años de aquella trascendental Reforma que elevara en el pasado 2011 los derechos humanos a rango constitucional, ésta no es, y todo parece indicar, dista mucho del todo efectiva, al menos no en ese corto o mediano plazo que se presume en los vacíos discursos de la élite política.

¿Acaso el Ombudsman Nacional da marcha al ejercicio de su envestidura con una venda en los ojos?

Quizá González Pérez nunca ha visitado los sobre poblados centros penitenciarios de las diferentes entidades federativas, donde el mito del derecho humano es pisoteado por la ley del más fuerte, por la ley de los poderosos delincuentes que tienen el dominio territorial detrás de las mismas rejas, y no así tras los escritorios burocráticos que sólo sirven para dar figura al fantoche que da la cara ante la sociedad como autoridad.

Hace falta citar también el proceder de aquellos que en aras de la “procuración de justicia” –de nuevo y antiguo testamento-, siguen haciendo uso de la persuasiva tortura para hacer cantar hasta el más mudo de los gallos, aunque la inocencia aflore en las ultrajantes e insultantes averiguaciones previas.

Son tan enormes las listas de quejas y denuncias que la sociedad mexicana ha acumulado a través de las oficinas de Derechos Humanos en contra de elementos que integran las diversas corporaciones policiacas, que la inseguridad cometida por los delincuentes en las calles se hace ver como algo insignificante a lado de lo que los cuidadores del orden y la justicia dicen custodiar celosamente.

Ni que decir de las desapariciones de personas que desde hace más de una década son el pan nuestro de las y los mexicanos, producto de una alarmante incremento de la violencia e inseguridad en todas y cada una de las entidades de la Nación.

Eso y el caso Ayotzinapan que habla de la desaparición de 43 estudiantes universitarios, de más de 40 familias dolidas y violentadas en sus derechos en el estado de Guerrero, fueron temas solo de discurso para la fiesta de un Ombudsman que narró las omisiones y desatinos de un año de labores.

Es tan grande la lista que enmarca la crisis que hoy se vive en materia de Derechos Humanos en la República Mexicana, que basto con un breve resumen para gozar del aplauso como pago a la pasividad, como pago a la inoperancia y la dejadez, fue algo así como otra comedia de lágrimas y risas. Con sus nutridas burlas a la sociedad, desde luego.

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