¿Hay motivo para celebrar?

Por Malixpek

Cancún cumple su 50 aniversario en medio de severas crisis, en las que no se distingue cuál es la principal, pues cada una ha golpeado y sigue golpeando a los cancunenses que, especialmente a los que menos tienen.

Desde su proyección desde el escritorio de los que tienen el dinero, Cancún fue una tierra de oportunidades, especialmente para los políticos que han desfilado por su presidencia municipal, algunos de los cuales, incluso han tenido que pasar noches en la cárcel, y no precisamente por lo que saquearon, sino por venganzas y revanchas políticas.

Sin embargo, más allá de la historia reciente, de los saqueos de los modernos piratas que han dirigido el destino de la ciudad, la pregunta es… ¿hay algo que festejar?

En el último trienio Cancún fue, y sigue siendo el epicentro de la violencia.

Peleado a muerte por los cárteles de la droga y la delincuencia organizada, 2017,2018,2019 e incluso 2020, han sido los años más violentos de la ciudad. Las cifras de ejecuciones han roto récord, año tras año.

A ello hay que sumarle una serie de problemas sociales como la mala distribución de la riqueza, viviendas hacinadas, violencia intrafamiliar, ingresos insultantes, colonias abandonadas entre muchas otras situaciones que a ningún gobernante le interesa solucionar, para mantener una clientela electoral cautiva, han hecho de Cancún una ciudad de altos contrastes.

A sus 50 años podemos diferenciar plenamente al Cancún de los afortunados y el Cancún de los jodidos.

No es lo mismo vivir en el Norte de la ciudad donde las viviendas de aglomeran en auténticas palomeras, que en el Sur donde los fraccionamientos gozan de viviendas amplias con todas las comodidades.

No es lo mismo el Cancún de los tianguistas que todos los días tienen que cargar el circo a cuestas en busca del sustento familiar, que los afortunados que viven y hacen negocio a costa del turismo.
Sin embargo, esos contrastes pasan desapercibidos para las autoridades, para quienes se supone tienen la obligación y la responsabilidad de atenderlas y hacer de esta, una ciudad más justa en la distribución de la riqueza, en la proveeduría de los servicios, en la atención de sus instituciones.

Y justamente en ese contexto, por si faltara algo, se presenta la crisis provocada por el #COVID19 que tiene de rodillas al polo turístico Número 1 de México y de Centroamérica.

Más de un millón de personas, la mayoría desempleadas, otros a medio sueldo, otros más de vacaciones forzadas intentan sobrevivir a una cuarentena obligada. Unos obedeciendo a las órdenes de la autoridad, otros haciendo caso omiso ante la necesidad del sustento diario.

Después de un mes sin ingresos llega una despensa que alcanza para un día o dos días de alimentación familiar, raquítica, pero hasta ahí.

En el día del Aniversario 50 de Cancún a los cancunenses no les interesa, no les importa lo que haga o deje de hacer el Estado, cualquiera que sea el orden de gobierno, ni siquiera recuerdan que sea el aniversario de la ciudad. Sólo piensan como salvar un día más de aislamiento, un día más sin empleo, un día mas sin dinero y un día mas con miles de necesidades que no se pueden solventar.

Y es que si, no fuera por el coronavirus, aun pese a la incidencia delictiva y a los cientos de ejecutados, sin duda alguna, los políticos estarían tirando en este momento la casa por la ventana con discursos pomposos, casi heroicos de sus actuaciones en pro de la ciudad.

Hoy no es así, y quizá muchos no coincidan, pero vale la pena preguntar, muy aparte del #COVID19, si no tuviéramos la pandemia encima… ¿habría algo que celebrar?.

Cancún, Q, R. 20 abril 2020