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Son como el polvo las líderes de colonias

*En el reclamo del costo de su democracia, “de todas partes las sacan, pero en todos lados se meten”

Un viejo amigo comentó un día: “son como el polvo, de todas partes las sacan, pero en todos lados se meten”, y es que no hay escenario político, evento oficial y lugar donde hayan funcionarios, donde no estén metidas las líderes de colonia haciendo sus acostumbradas gestiones ($$$).

Lo lamentable es que a los habitantes de su asentamiento poblacional jamás llegan los recursos que reciben de los funcionarios, incluso los colonos ni siquiera están enterados que a su nombre este grupo de astutas féminas se ganan el pan de cada día, y en ocasiones mucho más que eso pues la mayoría de ellas tiene en su haber económico y patrimonial patentes de restaurant bar, de expendio de vinos y licores, flamantes casas en fraccionamientos, y hasta concesiones de taxi.

Así es, muchas de ellas ya tiene asegurado su futuro, pero su futuro; porque su presente es responsabilidad de los que conforman la clase política. Y se habla de responsabilidad ya que en numerosas ocasiones nos ha tocado escuchar las acostumbradas frases de reclamo que dicen más o menos así: “me tienes abandonada jefe”, “me dejaste mal”, “ya no te acuerdas de los pobres”; entre otras que ‘motivan’ el bolsillo del abordado.

Insistimos, no hay un solo día que no se les vea en acción, son adivinas de las agendas de los tres órdenes de gobierno, huelen a kilómetros el aroma a funcionario cual canes de caza tras la presa que, siempre deja su aportación para la causa, por muy pequeña que esta sea.

Empero, esta no es una práctica particular del sexo femenino, pues dentro de las que dicen liderar las colonias populares de Chetumal, también hay uno que otro caballero que hace gala de sus dotes en “el reclamo del costo de su democracia” ($$$), pues al fin y al cabo son los que a la hora de las contiendas electorales aseguran un buen número de sufragios al partido en uso del poder oficial.

Es decir, son un mal necesario para el sistema, ya que este círculo vicioso no es del agrado de muchos políticos en turno, sobretodo porque las tiene hasta en la sopa, porque si por primera ocasión les “apoyaron”, en automático entra en vigor el refrán popular que enuncia: “los favores se vuelven costumbre, y las costumbres se vuelven leyes”.
Un claro ejemplo puede verse en el Congreso del Estado, donde todos los días “hacen sala” las líderes para realizar sus respectivos trámites ($$$), pues la canasta básica es inestable en sus costos y “lo poquito que dan no alcanza ni pa’ tragar”, como comúnmente se les puede escuchar decir.

Todos los diputados las ven con desprecio a lo lejos, pero ya teniéndolas encima caen en su juego pues decirles no asoma el riesgo de una escena de reproche que generalmente va acompañada de ofensivas y amenazantes frases; se la saben de todas todas, hasta parecen catedráticas en el tema. Y no es ironía ya que muchas de ellas se hacen acompañara de la comadre o la hija, a quien le enseñan “el oficio”, a cambio de la respectiva “mochada”; porque hasta en eso impera la bendita corrupción (jajaja).

Lo deplorable del asunto es que tienen escamados a los legisladores con sus constantes solicitudes y al momento que se hace presente un ciudadano ajeno a este vicio, que verdaderamente requiere del apoyo, les arrojan dos o tres pesos para quitárselo de encima, pagando así “justos por pecadores”.

Ni que decir del problema que ocasionan a los representantes de los medios de comunicación. Es de incomoda costumbre al interrumpir las entrevistas para pedir su reparto del pastel al funcionario(a), tan incómodo que hasta la entrevista termina perdiéndose por culpa de estas astutas y estorbosas mujeres. Ni hablar, son parte del paquete que adquieren al momento de entrarle a la política, y si las alimentaron desde un principio, ahora no les queda otro remedio que engordarlas.

 

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