Por Victoria Castro Chávez
CHETUMAL, Quintana Roo.- La geografía política de Quintana Roo vuelve a convertirse en un factor determinante rumbo a la sucesión estatal de 2027. En un movimiento cargado de simbolismo y cálculo estratégico, la presidenta municipal con licencia de Benito Juárez, Ana Patricia Peralta de la Peña, eligió a Chetumal como punto de partida para proyectar su liderazgo político, replicando la misma ruta que siguió Mara Lezama Espinosa antes de convertirse en gobernadora.
No se trata únicamente de un acto protocolario ni de una coincidencia territorial.
La decisión revela que, al interior de Morena, existe plena conciencia de que el camino hacia el liderazgo estatal no puede construirse únicamente desde Cancún o la Riviera Maya. El norte concentra la mayor población, la actividad económica y el turismo; sin embargo, el sur conserva un peso político, institucional e histórico que ningún aspirante puede darse el lujo de ignorar.
La apuesta recuerda inevitablemente la estrategia desplegada por Mara Lezama en 2022.
En los primeros minutos del 3 de abril de aquel año, la entonces candidata rompió con la tradición de iniciar campañas en Cancún y decidió hacerlo en Chetumal. El mensaje fue claro: reconciliar al gobierno con una capital que durante años denunció abandono, rezago e indiferencia por parte de las administraciones estatales.
Aquella decisión terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de una campaña que logró unificar políticamente al estado.
Hoy, Ana Patricia Peralta parece recorrer exactamente la misma ruta.
El movimiento no es menor si se observa el comportamiento electoral del sur.
La historia reciente demuestra que Chetumal y los municipios sureños poseen capacidad para modificar el rumbo de una elección estatal cuando perciben que las decisiones políticas se concentran exclusivamente en el norte turístico.
El ejemplo más claro ocurrió en 2016.
En aquella elección, el voto del sur fue determinante para romper la hegemonía política que había gobernado Quintana Roo durante décadas y facilitar el triunfo de Carlos Joaquín González. Aquella elección dejó una enseñanza que permanece vigente: cuando el sur considera que ha sido relegado, suele responder electoralmente con contundencia.
Esa memoria política explica por qué los equipos estratégicos de Morena buscan hoy evitar cualquier percepción de centralismo cancunense.
Sin embargo, el reto para Ana Patricia Peralta es considerablemente distinto al que enfrentó Mara Lezama.
Mientras la hoy gobernadora construyó durante décadas una presencia cotidiana en los hogares quintanarroenses a través de los medios de comunicación y posteriormente desde la presidencia municipal de Cancún, Peralta deberá convencer a un electorado que históricamente observa con cautela a los liderazgos provenientes del norte del estado.
Para el sur ya no basta la presencia física.
Las giras, los discursos y las fotografías en los sitios emblemáticos de Chetumal difícilmente serán suficientes si no van acompañados de propuestas concretas para atender rezagos históricos en infraestructura, empleo, servicios públicos, desarrollo económico y fortalecimiento de la administración pública estatal.
La capital continúa reclamando inversiones, reactivación económica y una política pública que reconozca su papel como sede de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
En ese contexto, la presencia de Ana Patricia Peralta puede interpretarse como un intento por desactivar, desde ahora, uno de los argumentos que tradicionalmente pesa en las contiendas estatales: la percepción de que el norte pretende gobernar al sur sin comprender sus necesidades.
La estrategia representa, al mismo tiempo, un reconocimiento implícito del valor político de Chetumal.
Aunque el crecimiento económico de Quintana Roo se concentra en la franja norte, la capital sigue siendo el centro institucional del estado y conserva un peso simbólico que trasciende el número de electores.
Las familias fundadoras, la burocracia estatal y buena parte de la identidad política quintanarroense mantienen en Chetumal un punto de referencia obligado para cualquier proyecto que aspire a gobernar la entidad.
Por ello, más allá del mensaje político inmediato, el movimiento confirma una constante de la historia electoral quintanarroense: la ruta hacia el poder estatal sigue pasando por el sur.
Porque en Quintana Roo las campañas pueden construirse desde Cancún, pero las legitimidades continúan buscándose en Chetumal.






















