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3 candidatos a gubernatura de Quintana Roo “pierden gas”

3 candidatos a gubernatura de Quintana Roo “pierden gas”

El día de ayer, el ulular de El hijo del búho nos recordó que hay tres candidatos de papel que se han incorporado al presente proceso electoral para elegir gobernador del estado, con nulas esperanzas de triunfar, aunque con muchas ilusiones para ganar algunas prebendas económicas y algún colchón de votos para repetir esta hazaña en las elecciones federales de 2018.

Ha comenzado la cuenta regresiva para el siguiente movimiento del péndulo de la historia quintanarroense. En menos de un mes, elegiremos al nuevo titular del poder ejecutivo que conducirá los destinos del estado más poderoso en materia turística de América Latina, y el principal proveedor de divisas por turismo para el Estado mexicano.

La presente elección sobresale porque será la contienda con más candidatos en la historia de Quintana Roo, pero, en donde, no hay ninguna figura femenina, para infortunio de las reformas por la igualdad de género impulsadas por el presidente Enrique Peña Nieto.

Y aunque son cinco, dos de ellos tienen una cultura de vencedores que le deben su éxito a su cuna tricolor: el principal y preferido de las encuestas, Mauricio Góngora Escalante, el candidato caballero que contiende por el PRI; y el estratega de finos gustos franceses, José Luis Pech Várguez, que prefirió en esta ocasión competir con la siglas de Morena, para saber qué se siente competir en una plataforma de oposición, pero sin perder el sentido de lealtad revolucionaria.

Compite uno más que, a diferencia del franchute Pech Várguez, quiere parecer de oposición y le apostó a la estrategia de ruptura que comandan el dúo PAN-PRD, el misterioso Carlos Joaquín González.

Le siguen luego dos casos más, ambos inverosímiles rayando en el culto al ridículo y a la decadencia: el caníbal y canabalista Alejandro Alvarado Muro, que a falta de dinero y envejecimiento prematuro, decidió regresar a los escenarios de la política electoral, pensando que 2016 era un año de confort, como los de antes; y Rogelio Márquez Valdivia, suegro y socio de Juan Ignacio García Zalvidea, alguna vez, promotor del PAN y del foxismo en Quintana Roo.

Rogelio Márquez Valdivia es empresario hotelero radicado en Cancún, que hizo carrera hace dos décadas en el PAN, en donde se identificó con las corrientes más conservadoras y cercanas a la retrógrada iglesia católica cancunense. Fue regidor de Benito Juárez, delegado de la Secretaría del Trabajo y diputado local plurinominal en la Décima Legislatura.

Como es normal para quien concibe a los partidos como franquicias de alquiler, ante su incapacidad para imponerse en el PAN, Márquez Valdivia aseguró que aceptaría una candidatura bajo cualquier bandera. Claro que para eso hay opciones de a montón en nuestro estado, como lo fue el PES para un cadáver político como Márquez Validivia. Ahora, para beneplácito de los amantes de las películas de zombies, el suegro de El Chacho García Zalvidea encabeza esta franquicia de la partidocracia, que administran la familia Villanueva en el sur, y la familia de Greg Sánchez, en el norte.

El segundo candidato de papel es Alejandro Alvarado Muro, ex perredista y –también- empresario turístico, nacido en Aguascalientes, en cuna ultraconservadora y con perfil de intolerante, lo que siempre llamó la atención a varios miembros de su partido que se precian de liberales. Saltó al servicio público como director de turismo municipal en Benito Juárez, en el trienio de Juan Ignacio El Chacho García Zalvidea (2002-2005), es decir, el yerno multicolor de Márquez Valdivia. Posteriormente, fue diputado de mayoría por el distrito 10, en la muy colorida e inquieta, décimo primera Legislatura, a la que llegó abanderado por la Coalición Somos la verdadera oposición (PRD-PT).

Tras su paso por el legislativo quiso ser alcalde de Cancún, pues le gustó la vida pasajera sin grandes compromisos. Pero, no pudo arrebatarle la nominación del Frente Amplio Progresista (PRD-PT-Convergencia) a Greg Sánchez, que fue alcalde de 2008 a 2010 y hoy, nuevamente busca el cargo, ahora por el PES.

Como se ve, en la vida política local, la oposición quintanarroense rebasa por mucho a la ciencia ficción. Pero, no crea usted que lo acontecido a Alvarado Muro fue producto de la imaginación. Todo parece indicar que la postulación de Carlos Joaquín, como candidato de la alianza UNE a la gubernatura, fue la última prueba de ácido para que este prócer de la democracia “tomara conciencia” de que el PRD ya no era la “verdadera oposición”.

Lleno de dolor y muy acongojado –podríamos imaginar los ciudadanos-, el hidrocálido del progresismo no soportó más y trocó sus siglas y sus ideales por un partido, éste sí “muy moderno” e identificado con las masas, y donde reinan familiares y amigos de Hernán Villatoro Barrios, el Partido del Trabajo (PT). Desde ahí, Alvarado Muro tendrá tiempo de sobra para lanzar peroratas de papel, como él mismo para dejar el aburrimiento y pasar a la historia como su nuevo compadre Hernán, el incansable de la palabra demagógica.

El tercer candidato de papel es José Luis Pech Várguez, priista de estructura ósea escarlata (el vulgo dice de “hueso colorado”) y con amplia trayectoria en ese instituto político, donde fue secretario de Gobierno; Educación; Turismo; y Hacienda, así como rector de la Universidad de Quintana Roo (Uqroo). Su amplia y paradójica trayectoria la construyó a lo largo de cinco sexenios: inició con Miguel Borge (1987) y “se rebeló sin romper vínculos ni estilo” en los primeros años del sexenio de su sobrino, Roberto Borge (2011).

Tras su salida del PRI, partido al que nunca ha renunciado formalmente, el doctor Pech, como se autonombra con síntomas de vedette de izquierda morena, tuvo un intento fallido por ser senador del PRD en 2012. Pero, a falta de padrinos y de financiamiento propio para pagar la franquicia, la tribu amarilla lo despreció y eligió a polifacética Luz María Beristáin, cuya estructura ósea es tan escarlata como la del “Doctor”.

En, 2016, el converso José Luis Pech logró que Andrés Manuel López Obrador, dueño de Morena, lo hiciera candidato a gobernador por otro partido autoproclamado como “la verdadera oposición”.

Su imposición en Morena generó discordias y ruptura, decepción y varias renuncias de peso en el naciente partido, que se ha caracterizado por el pragmatismo y autoritarismo de su fundador y presidente nacional, El Peje AMLO.

Como vemos, la decisión que tendremos que tomar en Quintana Roo este cinco de junio no será fácil, pues debemos elegir entre varias “verdaderas oposiciones” de papel. Tal vez, por eso el candidato caballero tricolor hace campaña tan tranquilo. Sus opositores son tigres o gatitos de papel.

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