Por Victoria Castro Chávez
Diego Castañón ya parece estar en campaña. El problema es que todavía gobierna Tulum.
Apenas un día después de rendir su Segundo Informe, el presidente municipal apareció en Lázaro Cárdenas, Bacalar, participando en una reunión política organizada por el alcalde José Alfredo “Chepe” Contreras Méndez.
Hasta ahí podría tratarse simplemente de otro político pensando en su siguiente cargo, pero, Diego no llegó solo. Lo acompañó Adán Eduardo Quintanilla Ávila, su inseparable director de Comunicación Social.
Y ahí empiezan las preguntas incómodas.
¿Qué hacía un funcionario municipal de Tulum acompañando a Diego Castañón en una reunión política en Bacalar, en día hábil? ¿Fue como servidor público? ¿Como fotógrafo? ¿Como estratega de imagen? ¿Como operador político? ¿O simplemente como acompañante del alcalde?
Cualquiera que sea la respuesta, hay otra pregunta todavía más importante:
¿Quién pagó el viaje? Que enseñen las facturas.
Diego Castañón tiene derecho a buscar una candidatura en 2027. Lo que no tiene derecho es a financiar sus aspiraciones con recursos públicos.
En Tulum no hacen falta discursos. Hacen falta documentos. Que el Ayuntamiento informe en qué vehículos viajaron, que exhiba las bitácoras, que diga quién pagó la gasolina, que informe si hubo viáticos, que revele qué funcionarios viajaron.
Además, que explique si se utilizaron cámaras, teléfonos, computadoras o cualquier otro equipo municipal, y que publique, si existe, la comisión oficial que justificó el traslado a Bacalar.
Si todo fue pagado con recursos particulares, perfecto; que lo demuestren y se acaba la discusión, pero si hubo vehículos oficiales, combustible, personal, viáticos o equipo del Ayuntamiento utilizados para una reunión política, entonces el asunto cambia completamente.
Porque Tulum no tiene por qué financiar las ambiciones de nadie.Comunicación Social no es agencia de campaña y l a presencia de Adán Quintanilla es especialmente delicada; no es un acompañante cualquiera, es el responsable de Comunicación Social del Ayuntamiento y su trabajo, su estructura y su función se pagan con dinero público.
Por eso Diego debe explicar si Quintanilla estaba en Bacalar cumpliendo funciones institucionales o atendiendo necesidades políticas del alcalde, porque hay una línea que no debería cruzarse:
Comunicación Social informa sobre el gobierno; no construye candidaturas, los fotógrafos municipales no son fotógrafos de campaña, los camarógrafos del Ayuntamiento no son productores electorales, los vehículos oficiales no son transporte para operadores políticos y la nómina municipal no es una estructura territorial.
Diego ya mira hacia otro lado. Lo políticamente revelador es el momento. Diego acababa de rendir cuentas a los tulumnenses; habló de lo realizado y de todo lo que todavía falta por hacer, pero menos de 24 horas después ya estaba haciendo política fuera de Tulum.
Bacalar hoy. ¿Felipe Carrillo Puerto mañana? ¿José María Morelos después? ¿Chetumal la próxima semana?
La pregunta empieza a ser inevitable:
¿Diego Castañón sigue gobernando Tulum o ya está construyendo su siguiente candidatura?
Puede hacer lo segundo, pero primero debe cumplir con lo primero. Si quiere campaña, que la pague
El artículo 134 constitucional establece principios de imparcialidad en el uso de los recursos públicos. No corresponde a esta columna sentenciar que Diego Castañón violó la ley, pero sí corresponde exigir que explique si algún recurso del Ayuntamiento acompañó su actividad política en Bacalar.
Y la forma de despejarlo es muy sencilla: que abra las cuentas, vehículos, gasolina, viáticos, personal, quipos, comisiones, facturas, todo.
Porque si Diego quiere candidatura, que construya candidatura; si quiere recorrer el sur, que lo recorra; si quiere operadores, que los consiga; si quiere fotógrafos, que los contrate; si quiere campaña, que la pague.
Pero que no exista un solo peso de los tulumnenses detrás de esa aspiración, porque Diego Castañón puede estar pensando desde ahora en 2027, pero lo que Tulum necesita, es saber es si también está pagando la cuenta.



