CIUDAD DE MÉXICO.— La National Oceanic and Atmospheric Administration reveló este miércoles que la temporada de ciclones tropicales 2026 en el océano Atlántico tendrá una actividad por debajo del promedio histórico, aunque advirtió que eso no significa que los fenómenos puedan ser menos peligrosos o destructivos.
Durante la presentación oficial del pronóstico, el administrador de la NOAA, Neil Jacobs, informó que existe:
- 55% de probabilidad de una temporada inferior a lo normal,
- 35% de que sea cercana al promedio,
- y apenas 10% de que esté por encima de lo habitual.
La temporada de ciclones tropicales en el Atlántico abarcará del 1 de junio al 30 de noviembre de 2026.
De acuerdo con las proyecciones del organismo estadounidense, este año podrían formarse:
- entre 8 y 14 tormentas con nombre,
- de 3 a 6 huracanes,
- y entre 1 y 3 huracanes mayores,
estos últimos considerados de categoría 3, 4 o 5, con vientos superiores a los 179 kilómetros por hora.
Pese al pronóstico moderado, Neil Jacobs pidió no bajar la guardia, al recordar que una temporada menos activa no necesariamente implica menor impacto.
“El hecho de que haya menos ciclones no significa que no puedan registrarse huracanes altamente destructivos”, advirtió.
En contraste, la NOAA prevé una temporada más intensa en el océano Pacífico, particularmente en el Pacífico oriental y central.
Para el Pacífico oriental se esperan:
- entre 15 y 22 tormentas con nombre,
- de 9 a 14 huracanes,
- y de 5 a 9 huracanes mayores.
Mientras tanto, en el Pacífico central podrían desarrollarse entre 5 y 13 ciclones tropicales.
Según el organismo, esta diferencia estaría relacionada con la posible formación del fenómeno El Niño, el cual modifica los patrones atmosféricos y reduce la actividad ciclónica en el Atlántico.
La NOAA indicó que actualmente existe un 82% de probabilidad de que El Niño se desarrolle entre mayo y junio, con posibilidades de intensificarse hacia finales de 2026.
Especialistas explicaron que este fenómeno genera un calentamiento anómalo en las aguas del Pacífico ecuatorial y altera la formación de sistemas tropicales provenientes de África, dificultando su evolución hacia tormentas y huracanes en el Atlántico.



