La fiebre de los “candidateables” está pegando muy fuerte en varios de los políticos quintanarroenses, quienes aun cuando saben que no logran ni cumplir con la actual encomienda, insisten en escalar otras posiciones, como es el caso del dizque presidente municipal de Benito Juárez, Paul Carrillo de Cáceres. Dizque porque en la realidad es el secretario de la comuna, José de la Peña Ruiz de Chávez, quien da las órdenes y lleva las riendas del paradisiaco Cancún.
El auto-destape del alcalde de OPB, Eduardo Espinosa Abuxapqui; la “visita proselitista” de Carlos Joaquín González por el sur del Estado; la insistente propaganda mediática de Raymundo King de la Rosa y de la vox populi que aferrada insiste en pregonar que Mauricio Góngora es el “gallo” para la gubernatura; otros tantos “grillitos” del patio, como el yucateco Paul Carrillo, han intensificado su presencia en varios medios de comunicación.
Obvio que Paul tiene todo el derecho de hacer su lucha, de gastar o malgastar recursos económicos del erario público para promocionar su imagen, pero lo hace de una forma por demás burda, que a todas luces se nota falsa y que no logra engañar ni a los propios trabajadores de los servicios públicos del majestuoso Cancún, porque simple y sencillamente, se trata de otro show montado.
Para que Paul Carrillo hubiera alcanzado la etiqueta de candidateable para la gubernatura de Quintana Roo –como él y su madrina política, Ivonne Ortega Pacheco, desean-, debió aprovechar los casi dos años que lleva como presidente municipal, pero no fue así, se dedicó a mal utilizarlos en juergas con sus amigos y sobre llevar una relación sentimental con su ex esposa, la cual concluyó -y de qué manera-, en meses atrás.
Ahora es inútil e inservible su intentona por ingresar a ese selecto grupo, porque para empezar no puede ni competir con su homólogo de Playa del Carmen, Mauricio Góngora, quien a diferencia de él, sí ha aprovechado estos más de 20 meses para atender las demandas de los playenses, en crear mayor infraestructura pública, en otorgar seguridad, pero sobre todo, mantener el vertiginoso crecimiento económico en la famosa Riviera Maya que paulatinamente desplaza a Cancún como el principal destino turístico del Caribe.
No dudamos que la vaga estrategia mediática que Paul Carrillo ha emprendido sea para ser tomando a la hora de la repartición del pastel, pero lo está haciendo como las “chachas”, está entrando por la puerta de servicio y necesariamente tendrá que esperar su turno para ver si el candidato o quienes cortan el pastel le otorgan una rebanada como limosna.
Falta algunos meses para que eso suceda, mientras tanto Paul Carrillo deberá intensificar o mantener la ciclónica campaña que arrancó con el chubasco del pasado fin de semana, para la cual, para sorpresa de propios y extraños, no se vio al alcalde con las muletas que traía por la operación en su rodilla y mucho menos, cojear o expresiones de dolor. Si usted quiere pensar que su dizque operación era únicamente una treta, allá usted, nosotros no somos mal pensados, ni cuando se confirmó su divorcio con la admirable argentina que entre sus errores tuvo la osadía de vivir con él.




















