El domingo 24 del presente mes, a escasos diez días, la Universidad de Quintana Roo (Uqroo) cumplirá escasos 24 años de vida. Con bombo y platillo, la rectora Elina Coral Castilla ha anunciado una magna sesión en el Centro de Convenciones de Chetumal, a las diez horas del viernes 22, en donde dará un discurso ante una comunidad convulsionada por la guerra xenofóbica que ella misma ha patrocinado.
Si esa guerra política de la rectora empezó por actitudes revanchistas entre ella y un grupo de profesores que aspiraban con mucha legitimidad a dirigir “nuestra máxima casa de estudios”, esa guerra ya tiene, a cuatro años de su estallido, alcances sumamente graves que invocan con urgencia la intervención de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y, de manera muy puntual, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).
Pero, no sola éstas son urgentes, también se requiere la intervención de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y sus órganos evaluadores para que la guerra abandone su carácter político y concluya bajo un protocolo institucional, es decir, educativo, que ponga en su lugar a los sediciosos que la están alentando bajo la consigna xenofóbica de liquidar a todos los profesores que no hayan tenido la oportunidad histórica y jurídica de nacer en suelo quintanarroense.
En 24 años de vida institucional, Elina Coral Castilla, contadora pública de profesión, es la séptima persona en ocupar la silla rectoral que, en la Universidad de Quintana Roo no es la silla principal, pues hay un consejo universitario y una junta directiva que están por encima de ella.
De fe bautista y de larga trayectoria burocrática, pero sin perfil académico o intelectual, la contadora pública llegó de última hora a ocupar una responsabilidad que infiere, en primerísimo lugar, una visión de estado abierta a la universalidad, a la tolerancia y al desarrollo de una institución sobre fuertes cimientos de identidad regional y diversidad cultural de su población (un estado de migrantes, desde que era territorio hasta nuestros días, cuando las corrientes migratorias ya superan el 70 por ciento, desde yucatecos hasta italianos, pasando por líneas amplias de defeños y americanos, a quienes la contadora pública tiene especial abominación).
En una relación de amor-odio con su anterior secretaria general, la rectora llevó a cuestas una institución que nunca pudo –ni ha podido- entender ni dirigir, pues la confunde con una preparatoria privada. Pero, ahora al final de su rectorado, se deshizo de ella y puso en su lugar a uno de sus serviles adláteres, sin importarle pasar por encima del reglamento interno universitario que establece que el secretario general tiene que ser un académico de la propia institución.
Desde entonces, la rectora fundamentalista del paisanaje se ha dedicado a acosar a todos los profesores que no nacieron en Quintana Roo. A la fecha seis con grado de doctorado fueron dados de baja u obligados a renunciar en los últimos tres años y otros tres sufren todavía su persecución y la de sus cancerberos, en idénticas condiciones a las que ejerce en nuestros días el ejército talibán en Afganistán o las turbas nacionalistas de Slobodan Milosevich, entre 1992 y 1995, en Bosnia-Herzegovina.
Debe ser mucha la admiración de la rectora por aquellos grupos que pretendían la “limpieza étnica” en los viejos territorios de la desaparecida Yugoslavia, o su identificación con el rencor de Gustavo Díaz Ordaz contra la libertad de pensamiento, para que ella intente, a toda costa, reprimir a una comunidad universitaria que gozaba de un crecimiento sano y competitivo a nivel regional y nacional, y que nunca había hecho una huelga ni había sido presa de sindicato charro alguno.
Pero, lo cierto es que en cuatro años, la incitación de Elina Coral al odio ha dado resultado que hasta una decena de profesores de fama local han sido cautivados por su sentimiento xenofóbico.
Para muchos universitarios ha sido y es triste ver a esa decena de poetas, matemáticos, economistas y abogados alzar el machete contra sus compañeros no nacidos en Quintana Roo.
La que pudo ser la última posición de servicio público y social que la consagrara como una gran quintanarroense, será la tumba de triste recuerdo de Elina Coral Castilla. Ella se irá al retiro y al olvido pronto y tal vez ni sus secuaces la vuelvan a recordar, pues quedará en el aire quién manipuló a quién: Elina a los demonios xenofóbicos o los demonios xenofóbicos a la Elina?
Sin embargo, la universidad permanecerá muy a su pesar, seguirá labrando su destino, continuará extendiendo sus cimientos. Las instituciones estatales y federales tendrán que recuperar este bastión talibán caribeño y el nuevo rector tendrá que hacer una cirugía mayor, pues hoy la Uqroo está herida de muerte.
No se requerirá, desde luego, de un rector de gran fama política ni curriculum doctoral y menos si es un fanfarrón de “universidades patito”, lo indispensable es que sea un hombre o una mujer con visión de estado, con intención de construir un futuro y una identidad que le permita a la comunidad universitaria verse como una entidad universal y cosmopolita y no como una caricatura aldeana y canibalesca, como ocurrió en estos últimos cuatro años, cuando se soltaron los demonios xenofóbicos de doña Elina.
Mientras tanto, contaremos los días para hacer acto de presencia en el 24 aniversario con la finalidad de probar un pedacito de pastel, aunque corramos el riesgo de caer embrujados del excelso brebaje que prepara la contadora pública.



















