Nicolás Lizama
En estos momentos mi amigo José Jaime, El Tiburón, está rindiendo tributo a la tijera.
Lo están dejando como bola de billar para que mañana lo operan de su aneurisma. Doña Carmen, la dueña de sus quincenas, recoge un mechón de cabellos. Seguramente los guardará y luego los rifará entre la numerosa parentela. Serà un trofeo hermoso que Pepe, apenas ponga un pie en la calle, lo identificará y entonces esos pelos alcanzarán ribetes verdaderamente históricos.
Su proceso de micro cirugía tardará la friolera de ocho a doce horas, si no es que más.
Eso le vale un sorbete, por lo que veo.
Está tan motivado de que todo saldrá bien, que, parlanchín, no deja de hablar un solo instante mientras la peluquera le da en la torre a una cabellera de 57 años.
Han terminado de raparlo. Se ve algo chistoso. Parece de esos luchadores de la triple A luego de que perdiera un duelo de máscara contra cabellera.
Le he agarrado un montón de afecto. Es un motivador extraordinario. Sin un vecino tan excepcional, tan pocas veces visto, no sé qué hubiese sido de mí ya que llegué hecho arepa.
Doy gracias a la vida por ponerlo en mi camino.
Ayer, como premio -generoso que soy a veces- le regalé un «concierto» de Richard Clayderman, que lo relajó y luego lo puso a dormir como un bendito. Sus ronquidos se escuchaban a varios metros a la redonda.
La verdad, confiésome, ya quisiera tener los pantalones de mi vecino, con los calzones bien amarraditos, tal cual los trae.
Si en mis manos estuviera, lo curaría, lo dejaría como nuevo, le extendería un generoso contrato laboral y luego lo soltaría por todo el hospital para que me motivara a medio mundo. Estoy seguro que varias vidas rescataría del hoyo del pesimismo.
Voy a extrañarlo cuando me vaya. Como se extraña a la gente valiosa. A la gente que vale la pena encontrarse en esta parte de existencia que nos ha tocado transitar.
!Larga vida, amigo Pepe, la vida es bella y más habiendo gente como tú!





















