Nicolás Lizama
Tremenda chamba le espera a Luis Torres, presidente municipal electo.
Hoy martes presentó a su equipo de transición y la mayoría de los personajes involucrados son de capacidad reconocida.
Y eso es bueno ya que necesitarán de mucha habilidad y solvencia para enderezar una nave que tiene mucho tiempo que se fue a pique.
Sacar al buey de la barranca no será cualquier baba de perico. Las canas blancas y las verdes seguramente se enseñorearán próximamente en la hasta hoy negra cabellera del buen Luis Torres.
Hay la promesa, tanto de su parte como del gobernador Carlos Joaquín para levantar a Chetumal de sus cenizas. Ya no hablemos de la emblemática avenida de los Héroes, ya no hablemos de minucias, hablemos de la ciudad en su contexto.
Luis es un chetumaleño comprometido con su entorno. Conoce a la bestia desde sus mismitas entrañas. Ha ocupado diversos puestos, más recientemente fue diputado, lo que le permite manejar al dedillo el lenguaje del ciudadano común y corriente.
Luis ya llevaba varios años intentando alcanzar el puesto desde el cual pudiera ver cristalizados sus anhelos. Hace dos trienios estuvo a punto de lograrlo. Una decisión cupular, de esas que vuelven loco a cualquiera, tanto a la víctima como al beneficiado, se lo impidió de fea manera. Él sin embargo no cesó en su afán de alcanzar la cima. Hoy tiene la gran oportunidad de su vida. Un buen trabajo lo catapultaría a las ligas mayores, al sitio de los consagrados, al nivel en donde indiscutiblemente será elegible para sitios de mayor envergadura.
Lo conseguirá. Capacidad la tiene. Equipo también. Luego entonces, para empezar, felicitemonos todos los chetumaleños.





















