Tortillas a domicilio; negocio de unos cuantos, amenaza para todos

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Por Mario Castillo Rodríguez

Chetumal.-El necesario consumo de tortilla, y la cerrada competencia entre los medianos y pequeños comerciantes de este producto alimenticio, ha generado el surgimiento de un problema mayúsculo como el de los repartidores a domicilio que arriba de sus motos representan un enorme riesgo para la población chetumaleña.

En una ciudad como la capital del Estado, con más de 10 mil vehículos circulando al día –incluyendo al transporte público-, es un total viacrucis convivir con los irresponsables y alocados motociclistas que en la pesquisa de distribuir el mayor número posible de kilos de tortilla en afán de ganar unos pesos más, se juegan su vida y la nuestra.

Es indiscutible que al menos para las amas de casa, no existe nada mejor que recibir este preciado producto en la comodidad del hogar, pero el riesgo que esto representa impacta en muchos sectores.

Primero, no hay que pasar por alto que un 50 por ciento o más de los que se dedican a este oficio son menores de edad, y por ende, los propietarios rayan en la irregularidad de la explotación laboral ya que no solo pagan un peso de comisión por cada kilo vendido, sino que omiten otras obligaciones tributarias como el pago de Cuotas Obrero Patronales ante el Instituto Mexicano del Seguro Social, la propia Seguridad Social Médica, el Impuesto al Trabajo, y las respectivas cuotas Hacendarias.

Es así como ellos, los propietarios de las tortillerías, contratan mano de obra barata para tener ahorro y mayores ganancias, explotando a los jóvenes y adultos necesitados de llevar el gasto al hogar.

Ahora bien, el mayor peligro es el tránsito diario de estos en las calles ya que circulan de manera arbitraria, a alta velocidad, volándose semáforos, altos, y toda clase de señalamientos atentando contra la seguridad de los automovilistas y hasta peatones, ya que las banquetas también las han transformado en pistas para cumplir la jornada de trabajo.

Ni que decir del enorme ruido con el que de forma cotidiana los chetumaleños tenemos que lidiar, pues los repartidores usan motocicletas –en su mayoría propias-, con los mofles modificados para llamar la atención, pues al fin de cuentas son niños en etapa de transición hacia la mayoría de edad, y jugando con su vida y la nuestra.

Lo lamentable redunda en las autoridades involucradas que no han tomado cartas en el asunto para meter en cintura tanto a los propietarios de las tortillerías, como a los irresponsables repartidores que amenazan al comercio establecido y a los automovilistas capitalinos.

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