Nico Lizama
Me cuesta trabajo creer que haya algún político que piense que de aquí a tres años ya tiene asegurada una gubernatura.
Se necesitar tener una mente muy fantasiosa para pensar que ya el futuro está amarrado, sobre todo en estas épocas en donde ni la vida es segura, menos en nuestro terruño, tan sobrado de violencia como nunca.
Pobre de aquel que cree que con publicitarse machaconamente en las redes sociales ya la hizo. ¡Ay del que piense que con meterse hasta en nuestra sopa -¡condenada mercadotecnia!- logrará granjearse el aprecio ciudadano!.
La simpatía se trae de nacimiento y no se compra en la tienda de la esquina. El billete te permitirá comprar voluntades pero nunca aportará talento al que no tiene ni una pizca de gracia en esta vida.
Hoy, hay tanta soberbia en la política del patio, que existen cristianos que piensan que ya tienen amarrada de las patas a la historia, tan solo porque sienten que una buena sombra les cobija.
¿Ingenuidad? ¿soberbia? ¿Fe desmedida?.
Sepa la bola.
Ese es nuestro San Caralampio, con sus políticos, estrellas titilantes que se creen dueños de voluntades y de haciendas.






















