Nicolás Lizama
El que los señores árbitros hayan decidido amarrarse los pantalones y dejarnos sin fútbol todo el fin de semana, es un hecho jamás registrado en ese mundo en donde por lo visto la trampa está latente.
Los señores árbitros, también llamados nazarenos, son los personajes que más «mentadas» se llevan durante la realización de su trabajo.
Cualquier inconformidad con su actividad redunda el alguna leperada dirigida a su persona.
Como practicante que fui del fútbol, puedo asegurarles que los árbitros siempre terminan siendo los villanos. Les echamos la culpa de todo e incluso, cuando se topan con algún mentecato que ve algo más que diversión en la práctica del deporte, son agredidos con vileza.
Añoro mi paso por el llano.
Jugué en un equipito de fútbol humilde pero aguerrido.
Casi nunca ganábamos. Pero cuando ese milagro sucedía, hacíamos fiesta.
Llegado el sábado era como ir a misa. Imposible dejar de ir a echar patadas.
No ganábamos nada más que un cartón de cervezas que aportaba el flamante propietario del equipo.
Era suficiente. Del resto nos encargábamos los jugadores.
Para eso sí éramos muy buenos.
«Líquido» para beber nunca faltaba.
Añoro mi paso por el llano. Sí, señor.
La mejor cerveza que he tomado ha sido la que ingerí después de un partido, no importando si acumulábamos a nuestro record otra derrota.
A los árbitros también los extraño (me expulsaron algunas veces y quien esté libre de culpa que me tire la primera piedra)
Recuerdo muchos episodios en los que culpamos al árbitro de nuestras desgracias.
La mayoría de las veces fue porque se nos botaba la canica. No encontrábamos en quien descargar muestra frustración y terminábamos haciéndolo con el pobre tipo que por unos cuantos pesos tenía que resignarse a que lo agarraron como el murio de lamentos.
En el fútbol del llano es normal ese tipo de cuestiones.
Nunca faltó un desquiciado que por un gol anulado agarrara de piñata a uno de esos cristianos.
Fui testigo de muchas batallas «épicas» en donde el personaje principal era el nazareno.
Todo terminaba en expulsiones al por mayor. Expulsiones que luego eran «negociadas» y los jugadores involucrados, en vez de ser expulsados de por vida -habían varios reincidentes-, solo eran castigados dos o tres meses.
Lo que no sabía, en serio, es que eso podía hacerse en el futbol de paga. En ese que usted y yo vemos por la televisión los fines de semana.
Me pareció aberrante e increíble a la vez la forma en que la FMF resolvió el caso de dos árbitros agredidos.
Las imágenes eran claras. El cabezazo que el jugador americanista propinó al juez central no admite duda alguna. La televisión captó el momento justo.
Los directivos hicieron «magia» y convirtieron el agravio en intento de agresión.
Y ardió Troya.
Los nazarenos, con muchos agravios ya encima, dijeron basta.
Y nos dejaron sin fútbol este fin de semana.
Ahora el chiste es que sostengan su postura.
Que se mantengan firmes y obtengan garantías de que ya nadie los sobajará y agredirá tan impunemente.
Pobrecillos. No me explico cómo es que aguantaron tanto.
Es hora de reivindicar al árbitro y respetarlo como autoridad en el terreno de juego.
Es imposible jugar sin árbitros, ¿verdad? Respetémoslos entonces.
Basta de cabezazos y empujones. Basta de tantas mentadas y leperadas a mansalva.





















